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Familia-de-dos, cuando los hijos no llegan

“…los esposos a los que Dios no ha concedido tener hijos pueden llevar una vida conyugal plena de sentido, humana y cristianamente. Su matrimonio puede irradiar una fecundidad de caridad, de acogida y de sacrificio.” (Catecismo de la Iglesia Católica, 1654). En palabras personales, "pueden vivir en plenitud-aunque la historia sea diferente a lo normal."

martes, 29 de noviembre de 2011

Incomprensión: un tema difícil de presentar

(En algún momento del 2011 escribí esto, hoy se los comparto).  Acaba de volver a pasar. Increíble.  Aun aquellos que comparten mi fe, y saben que en Dios hay un plan único para cada individuo, parecieran encasillar la bendición de Dios: encerrándolo en “otorgar” hijos a todos los matrimonios, como el único medio para gozar y plenficar el matrimonio. “Oraremos para que tengas un bebé; oraremos para que Dios te conceda un hijo.” Son frases que llegan día tras día; y cuando menos uno lo espera. Sé que hay una genuina preocupación por mí, o una confusa idea de lo que la felicidad marital encierra.  Y por favor, no me malinterpreten, veo en aquellos rostros un genuino amor, lo veo. Sé que nos aman, sé que se preocupan por nosotros.  Pero en algunas ocasiones esa preocupación no nos deja caminar libremente en la voluntad de Dios para nuestro matrimonio.
Muchas veces esta incomprensión nos arroja a la soledad.  En medio de nuestra propia lucha, la incomprensión duele, uno se llega a sentir juzgado: la pregunta que refleja la mirada de quienes no comprenden nuestro llamado o nuestra aceptación a la voluntad de Dios, o nuestra libre aceptación de la realidad, una realidad divina para nosotros.  Una pregunta que parece estar presente en el ambiente: “¿Es egoísmo, comodidad,  miedo?”  “¿Porqué no buscan más? ¿Por qué no piden más oración? ¿Por qué no adoptan?” 
A veces sólo queremos el abrazo de la comprensión, pues las etapas de duelo, de dolor, de tristeza, de rechazo, de resignación, de comparación con dolor ya las pasamos (o en su momento las estuvimos pasando en medio de esas preguntas). 
Necesitamos esa comprensión que va más allá del entendimiento humano. Esa comprensión que abraza con la oración y acepta con el corazón.  Esa comprensión que acepte que Dios puede estar haciéndonos un llamado diferente (esos llamados especiales que sólo a El se le ocurren).  Esa comprensión que abraza y en ese abrazo te dice, "estoy contigo, estoy intercediendo para que Dios haga en ti Su voluntad y tú la puedas vivir a plenitud".

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