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Familia-de-dos, cuando los hijos no llegan

“…los esposos a los que Dios no ha concedido tener hijos pueden llevar una vida conyugal plena de sentido, humana y cristianamente. Su matrimonio puede irradiar una fecundidad de caridad, de acogida y de sacrificio.” (Catecismo de la Iglesia Católica, 1654). En palabras personales, "pueden vivir en plenitud-aunque la historia sea diferente a lo normal."

sábado, 5 de noviembre de 2011

La historia que nos convirtió en misioneros

O bien, "Dios bendice a su manera".

(Año 2003) Pronto a cumplir 3 años de casados, nos dimos cuenta que no podíamos embarazarnos, que nuestros cuerpos, aun gozando de excelente y total salud, simplemente, sin explicación médica, no estaban listos para procrear. Al inicio fue difícil aceptarlo, no podía estarnos sucediendo, al rato llegarían los bebés, todo era cuestión de orar, esperar, relajarse y confiar, confiar y confiar.

 Sin embargo, la espera se alargaba aun más cada mes, no era fácil, para muchos a nuestro alrededor era tan fácil concebir, tan fácil embarazarse, tan fácil tener el primer hijo, luego el segundo y ¿nosotros? ¿Dios se habría olvidado de nosotros? No, no era posible, El nos amaba, nos había escogido para formar un matrimonio, era su plan que formásemos una familia...y sin embargo, los hijos no llegaban. Fue un tiempo difícil donde Dios nos fue llevando por la negación (especialmente mi negación a aceptar que los hijos no llegaban) y el dolor, hasta la aceptación gozosa de su voluntad. Fue un peregrinar acompañado de lágrimas, purificación y dolor, pero también de la presencia de nuestro Señor, amándonos, cuidándonos, aclarándonos todo; fue un peregrinar donde entregamos el anhelo de los hijos a nuestro Señor, El nos lo estaba pidiendo y su gracia nos fortaleció. Lo amábamos a El y estábamos dispuesto a amar su voluntad, sabiendo que su gracia nos fortalecería y confiando en que "Dios todo lo permite para el bien de los que le aman"(cfr. Rom 8,28). Entonces, Dios no podía estarse equivocando, El tenía un plan perfecto de amor para nuestro matrimonio y por ello estaba permitiendo todo. Así, confiando en El nos abrimos a su voluntad, aceptando que los hijos no llegaban, y que tal vez nunca o algún día llegarían; nuestros corazones estaban en paz; nuestra vida matrimonial estaba completa, nos teníamos el uno al otro, y Dios nos pedía hacernos felices mutuamente, vivir para honrar al cónyuge, alcanzar la santidad juntos. Aun sin hijos, Dios nos estaba bendiciendo, pero a su manera!

 Al inicio del año 2006, una breve oración susurró mi corazón, una oración breve, sin reclamos: "Señor, sé que tienes un plan para nuestro matrimonio sin hijos, si es tu voluntad, muéstranos que quieres de nosotros". Jamás imaginé lo que vendría. En febrero 2006, en un retiro con universitarios, Dios nos preparó diciéndonos que "algo grande venía" (en otro post contaré a detalle acerca de esto) y en ese mismo mes nuestro queridísimo amigo y siervo de la Palabra*, David Mijares, nos hizo una invitación (sólo era una invitación) a irnos un 'tiempecito' como misioneros para trabajar con la juventud a Quito. Había una necesidad y nuestro buen amigo y también muy queridísimo, Pepe Vázquez (siervo de la Palabra también), quien sabía del anhelo que albergaba nuestro corazón de ser misioneros lo compartió con David (¡como Dios hace que los caminos se crucen!). Así la invitación llegó a nuestras vidas y la cuaresma del 2006, fue el tiempo para discernir la invitación, el llamado que Dios nos estaba haciendo. Y nos lanzamos en su Nombre (después de un buen tiempo de oración, discernimiento, guía pastoral). Dios nos regaló la gracia de servirle de tiempo completo por 2 años en Ecuador. Ya hemos regresado y estamos iniciando una nueva etapa como matrimonio.

Lo que para el mundo pudiera resultar una "desgracia", "una falta de algo", Dios la ha transformado en una bendición y en un llamado. Somos un matrimonio libres de hijos (como leí en un libro, no quisiéramos mas decir "sin hijos" porque da la connotación de que algo nos falta, y no es así, no nos falta algo, estamos completitos; por ello preferimos decir libres de hijos, así Dios nos ha llamado hasta este momento y así hemos de servirle), con una convicción fuerte en nuestra mente y corazón que esto es plan de Dios, y EL no se equivoca. EL quiere lo mejor, lo mejor de lo mejor para sus hijos, y queremos por ello hacer vida en nosotros su voluntad (para su gloria y para su honra), para eso fuimos creados!!!!

 (Si en algún momento llegasen los pequeñines, gloria sea dada a Dios; y si no llegasen nunca, gloria sea dada a Dios..nuestro gozo, nuestro fin último como matrimonio es glorificarle con nuestras vidas!)

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