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Familia-de-dos, cuando los hijos no llegan

“…los esposos a los que Dios no ha concedido tener hijos pueden llevar una vida conyugal plena de sentido, humana y cristianamente. Su matrimonio puede irradiar una fecundidad de caridad, de acogida y de sacrificio.” (Catecismo de la Iglesia Católica, 1654). En palabras personales, "pueden vivir en plenitud-aunque la historia sea diferente a lo normal."

viernes, 4 de noviembre de 2011

Una pequeña introducción de nuestra historia


Aquí empieza nuestra historia.  Enero 2000 iniciaba nuestra amistad. Marzo 2000 inició nuestro noviazgo y finalmente Septiembre 2000 nos comprometíamos, para firmar en pleno uso de nuestra libertad nuestra alianza matrimonial en Abril del 2001.  Yo tenía 25 años, mi esposo 26.  Una pareja como todas, él Ingeniero en Sistemas de Información, trabajando en una buena empresa; yo por mi parte, Licenciada en Enseñanza de una Segunda Lengua, trabajando en la Universidad Pública.

Somos un matrimonio católico cristiano, convencidos del amor de Dios para nuestras vidas, una fe que Él ha solidificado (y lo sigue haciendo), con una relación personal con Dios; y con nuestras debilidades, por supuesto.  Iniciamos nuestro matrimonio en abril del 2001 como ya lo mencionaba.  Ilusionados, confiando en el amor de Dios, anhelando formar una familia para honrarle y glorificarle. ¿Los hijos? Sí, 3 ó 4 ó 6...estábamos abiertos a la vida.  Así que Dios iría poniendo el momento y el tiempo preciso (pues cada fecundación es un auténtico milagro divino).  Empezamos nuestro caminar juntos.  Fue un descubrir al otro, aprender a amarlo más allá de la emoción. ¡Muy bendecidos! Parecía que todo iba bien. Y la bendición de “todo matrimonio” estaba por llegar. Bueno, eso era lo que nosotros esperábamos. Mil y una ideas pasaban por mi cabeza de cómo le iba a dar la noticia a mi esposo, a mis padres, a la familia, de cuando les compartiera: “estoy embarazada”. Hasta hice un archivo donde ponía las diferentes ideas que se me iban ocurriendo.  ¿Alguien se identifica con esto?  Así pasaban los meses, los días, las ilusiones mezcladas con la desilusión del mes; nuestros amigos empezaron a embarazarse, el primer hijo, luego el segundo, ¿qué estaba pasando con nosotros?  Si todo nuestro noviazgo y, matrimonio era conforme al plan de Dios para nuestras vidas, ¿porque no llegaban los hijos? ¿Fallamos en algo? ¿Algún pecado? (Sí hasta la idea del castigo divino pasó por mi cabeza; qué bueno es Dios que disculpa mi ignorancia).  Empezaba nuestro peregrinar por una tierra nueva, no lo queríamos ni mencionar, pero de pronto el nombre claramente apareció: infertilidad no explicable.

Cuando éramos novios tocamos el tema de “Qué pasaría si no podríamos tener hijos”…pero jamás se me ocurrió que nos fuera a pasar.  Ahora era una realidad.  El panorama pintaba diferente nuestro sueño de la “perfecta familia bendecida por Dios”.  Me costaba tanto creerlo, “me está pasando a mí”, “nos está pasando a nosotros”. Ahora venían decisiones que tomar, la vida se veía diferente, nuestro tan anhelado futuro de pronto había cambiado; pero aún nos teníamos el uno al otro.

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