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Familia-de-dos, cuando los hijos no llegan

“…los esposos a los que Dios no ha concedido tener hijos pueden llevar una vida conyugal plena de sentido, humana y cristianamente. Su matrimonio puede irradiar una fecundidad de caridad, de acogida y de sacrificio.” (Catecismo de la Iglesia Católica, 1654). En palabras personales, "pueden vivir en plenitud-aunque la historia sea diferente a lo normal."

jueves, 20 de diciembre de 2012

Y llegará el invierno de nuestras vidas


Nos vamos haciendo viejos.  El reloj biológico no deja de caminar y mostrar sus efectos no solo físicos sino también psicológicos y emocionales.  Sé que llegarán los días donde la soledad infértil y dolorosa volverá a hacer de las suyas.   Esos días de invierno llegarán y “ellos” se verán rodeados de sus hijos y nietos.  Habrá fiestas, invitaciones, risas compartidas alrededor de los hijos.  Nosotros estaremos solos. Suena un poco aterrador, ¿no? Es nuestra realidad, no podemos encerrarnos, pero es aquí donde debemos proyectarnos hacia un futuro que compartiremos juntos; un futuro que mi esposo y yo debemos construir en base a nuestra familia-de-dos.  
Sin embargo, compartiendo con un amigo muy querido por nosotros (miembro de una familia-de-dos) nos hacía recordar que a este punto llegarán todos los matrimonios.  Llegará el momento del nido vacío, la pareja nuevamente sola en casa; la despedida de los hijos, muchos quedarán cerca, otros volarán lejos.  Permítanme platicarles de un testimonio que me compete: veo esta realidad en mis padres quienes ahora viven solos (sus hijas vivimos en otra ciudad).  Estamos cerca, nos frecuentamos, hablamos seguido por teléfono.  Sin embargo, ellos han reestructurado su vida, han aprendido a vivir en plenitud estando ellos solos.  No se encerraron tras las puertas de la casa, sino al contrario.  Mi papá a sus 65 (o 66) años sigue trabajando felizmente, es director de una escuela secundaria y disfruta estar con los jóvenes, aprovecha oportunidades para darles un consejo, para animarlos. Busca conocer de esto o aquello, se inscribe en diferentes cursos, camina todas las mañanas.  Por otro lado, mi mamá se jubiló hace ya más de 8 años. Y es una mujer feliz, tiene sus grupos de amigas, sus desayunos, sus diferentes apostolados dentro de la iglesia, intercesión un día, clases de biblia al siguiente; visitas a los enfermos; y cierto día lo separa para ir a una ciudad cercana a un movimiento católico donde se reune con otro grupo de amigas a interceder por los hijos.  Pocas veces la encuentro en casa por las mañanas, y eso me alegra mucho; sus diferentes grupos sociales la hacen una mujer socialité, como la llamo yo.  Muchas mujeres de diferentes edades la buscan para invitarla a desayunar, para pedirle un consejo, para que las acompañe a algún viaje cerca y está disponible.  Son una pareja que aprendió a vivir con el nido vacío, después de haber sido una familia de cinco.  Sí, sus hijas están físicamente por ahí cerca; pero en el día a día caminan solos; como una familia-de-dos.
Saben, cuando lleguemos a viejos, Dios nos de la gracia de llegar plenos y felices, no por lo que tenemos o hay a nuestro alrededor, sino por lo que somos. Por haber vivido haciendo lo que nos correspondía como familia-de-dos; de-tres; de-cinco o de más. Llegar a la meta con la sonrisa del deber cumplido.
Veo hacia el futuro con ojos llenos de esperanza, con una certeza en Aquel que me ha puesto en este mundo para hacer y ser alguien especial. Porque esa es la promesa que El mismo nos ha hecho: "Porque Yo sé los planes que tengo para ustedes, planes de bienestar y prosperidad...de darles un futuro lleno de esperanza" Jeremías 29, 11.

viernes, 23 de noviembre de 2012

Vida en y con la infertilidad

Sí, hay Vida!!!! Depende de nosotros tomarla, o más bien, "arrebatarla". Ni modo, nos ha tocado ir cuesta arriba (pero saben, creo que todos pasamos por situaciones complicadas y únicas, que le dan ese saborcito interesante a la vida, ese trago un poco amargo que se convierte después en una dulce sanación); cansarnos, agotarnos,  un poco más que otros; pero bueno, aquí nos tocó vivir o así nos tocó vivir.  No es una resignación a fuerza, una cruz que nos tocó cargar.  Es una decisión de vida tomada en pareja. Y para bien de todos, una decisión que deberá ser tomada en paz, en acuerdo mutuo, en la aceptación completa.  Somos varios en esta travesía única, original, llena de aventuras.  Así como los padres son un ejército que se une para caminar juntos, para sostenerse hombro a hombro (los admiro, los honro, y les aplaudo; y tengo muchos amigos, la mayoría en este rubro; y cuando puedo me uno a ellos; pero no soy parte de ese clan, por más que quiera). De la misma manera, creo que hoy nos toca hacer algo a las familias-de-dos.  A los que hemos optado por este llamado.  Necesitamos un espacio nuestro, donde nuestro dolor se escuche, se comprenda y se acoja; pero también  donde nuestra realidad contribuya, nuestro tiempo de fruto; nuestra disposición se aproveche (digo, somos infértiles, pero no “estamos incompletos, o echados a perder”; ni “somos extraterrestres” se los aseguro).  Podemos dar mucho, y recibir mucho.  Podemos ser bendición y sabernos bendecidos.  Eso nos toca a cada uno.  Por el momento, aquí me quedo.

miércoles, 7 de noviembre de 2012

El amor sana


El amor sana, bien dicen los Linn*, que sólo en un ambiente de amor incondicional se da una sanación profunda y auténtica; y yo añado, que sólo cuando nos sentimos verdaderamente amados, y no exigidos, vamos permitiéndonos ser abrazados en el dolor de la ausencia de los hijos.  ¡Y ese abrazo sana!  El primer abrazo vendrá de la pareja, indiscutiblemente, del mutuo acuerdo del amor incondicional, “en las buenas y en las malas; en la salud y en la enfermedad; en la fertilidad y en la infertilidad”.  Y después de los más cercanos, que sin entender te abrazarán con su presencia, con su mirada lo comprenderán todo y así, sin juzgarnos, amándonos, el milagro comenzará a ocurrir (el milagro de la aceptación).  Nadie tiene derecho a apresurar el proceso; ni tu pareja.  Abrácense el tiempo que sea necesario, sólo tú sabrás cuando será el momento de dar el siguiente paso; y créeme que cuando lo des, te sorprenderás de las maravillas que Dios ha preparado para ustedes.  ¡Vivir a plenitud tu vida con las herramientas perfectas que Dios mismo te ha regalado!


*Los hermanos Dennis y Matthew Linn (a los que luego se les sumó Sheila Fabricant Linn, esposa de Dennis) trabajan juntos como un equipo, integrando la salud física, emocional y espiritual. Dennis y Sheila viven en Colorado, EE.UU. con su hijo John; Matthew vive en una comunidad jesuita en Minnesota, EE.UU. 

jueves, 18 de octubre de 2012

¿Y la adopción?

Bueno, como comenté en el anterior post, las preguntas iban a seguir llegando.  No hay mucho que decir, lo hablamos, lo conversamos, hablamos con Aquel que nos ha bendecido y conducido.  En fin, tomados de su mano tomamos la decisión de vivir en plenitud como una familia-de-dos.
Sé que no es necesario dar una y mil explicaciones, pero quiero plasmar muy brevemente en este espacio algo de nuestra decisión.  Empiezo por compartir una  hermosa respuesta que leí en el blog de una mujer que como yo (Pamela Tsigdinos), ha optado, junto a su esposo, por vivir a plenitud este llamado particular:

Nunca he entendido porqué la gente automáticamente cree, que porque una pareja no tiene hijos propios, ellos deben adoptar. Es como esperar que un hombre o una mujer que no se han casado opten automáticamente por la vida religiosa. Llegar a ser padres por adopción es un llamado, tal cual lo es la vida religiosa. No toda persona soltera optará por la vida consagrada, al igual que no toda mujer sin hijos propios optará por la adopción…” (aclaro que este escrito se lo mandó su mamá).

La adopción es un llamado, una vocación, no es el “remedio a la infertilidad”, no debe ser visto así. Al contrario, creo que debe vivirse bien el proceso completo de aceptar la infertilidad para dar el siguiente paso, sea cual fuere. Vivir el duelo correspondiente: "El proceso de duelo consiste en "despedir" al niño soñado, que ni siquiera existe en la realidad, y abrirse plenamente al que llegará" (Vifac, catholic.net).   Porque si no, en caso de la adopción, estaríamos cometiendo el grave error de creer que aquel pequeño en adopción traerá la felicidad completa a la vida familiar; poniendo en él las expectativas frustradas: "mirarán al hijo como un medio para poblar el vacío causado por el bebé no nacido. Pretenderán llenar un hueco profundo en su matrimonio…, con gran daño para la criatura adoptada, pues no se le querrá por si misma" (Vifac, catholic.net).  Es por ello que aplaudo a cada matrimonio que es llamado a la adopción y se atreve a vivir con valentía su infertilidad para dar paso a la nueva vida que han decidio construir.  Y de igual manera, aplaudo a cada pareja que toma otra decisión, para abrazar el llamado particular que Dios les hace.




viernes, 28 de septiembre de 2012

Crisis de identidad-Parte 2: El camino recorrido


Simplemente no es fácil caminar por la vida siendo señalada o sintiéndote señalada como una pareja infértil.  Las preguntas van y vienen; llegan cuando menos lo esperas, como esa repentina lluvia que te moja sin querer, pero que te deja empapado. Creo que a estas alturas ya las preguntas serán parte de nuestra vida.  Por lo tanto, sabíamos que tarde o temprano llegaría el momento en que tendríamos que hacer un buen alto y cuestionarnos: qué esperamos como pareja de la vida y que queremos darle con los recursos actuales; hasta donde lo intentaremos; en que momento estaremos dispuestos a vernos ya como una familia-de-dos;  optaremos por la adopción, etc. El tiempo pasaba junto con los años, ya no éramos  tan jóvenes; así que ese día debía llegar.
La aceptación de nuestra infertilidad no fue un proceso mágico.  El tiempo que llevó no puede ser definido dentro de una receta médica, estipulado fríamente por etapas fijas.
Abrir mis ojos y enfrentarme a la realidad que me tocaba vivir, y que habíamos decidido aceptarla, fue el inicio del proceso.  Mi esposo y yo estábamos listos.  ¿Después de cuánto tiempo? No lo sé a ciencia cierta, pero ya habían pasado 4 ó 5 años.  Cuánto tiempo nos tomó aceptar en plenitud nuestra infertilidad, tampoco lo recuerdo.  Pero sé que no fue un periodo de días, meses o años; fue, y es, un periodo de nosotros como pareja, no delimitado por un tiempo físico.  Fueron días de largas conversaciones, aprendimos a dialogar, a comunicarnos más allá de las palabras; a amarnos y valorarnos en la fragilidad de nuestra infertilidad, y en el reajuste de nuestro plan de vida como pareja.  Aprendimos a estar cerca y sostenernos cuando la marea subía y quería arrebatarnos nuestra paz.  Algunos días estuvieron llenos de lágrimas, otros de reclamo; llegaba también la incomprensión, con su amiga la soledad.  Pero no nos faltó la gracia divina para seguir riendo, y muchas veces, para bromear de nuestra infertilidad.
El tiempo nos enseñó a respetar el proceso del otro.  A darle su tiempo y espacio para ir caminando con la infertilidad, para cuestionarse personalmente y luego cuestionarnos juntos. ¿Estábamos dispuestos a caminar como una familia-de-dos con todas sus implicaciones, retos, incomprensiones? Unos días el sí era definitivo; en otros, la duda se presentaba, ¿estaremos haciendo lo correcto? Volvíamos al tema inicial, preguntábamos a otros, cuestionábamos a Dios, compartíamos nuevamente los miedos, la soledad que llegaría, en fin.  Y en los ires y venires de los cuestionamientos, hubo algo que colaboró muchísimo y fue mirar a nuestro alrededor.  Sí, ver donde estábamos parados y quienes estaban con nosotros.
En todo proceso de toma de decisiones se recomienda ver los pros y los contras, nombrarlos, escribirlos, proyectarlos sin miedo; y eso fue lo que hicimos. Por eso para nosotros fue tan importante mirar nuestro interior y mirar a nuestro alrededor.  Pues somos seres humanos fincados en y sobre relaciones humanas.  Y aquí vimos la riqueza que tenemos, el tesoro reservado y a veces descuidado: el apoyo fuerte e incondicional, familiar y comunitario.  Ellos estarían cerca, no nos dejarían abandonados cuando el tiempo de la vida mostrara las primeras arrugas, cuando las cosas empezaran a olvidársenos, cuando el cuerpo ya no nos respondiera como antes.  Y los vimos a ellos, nuestros hijos espirituales, físicamente ausentes, presentes por temporadas, pero parte de nuestras vidas.  ¿Experimentaríamos la soledad? Sí, pero que pareja no la vive; el nido vacío ya es parte de nuestra historia. 
Entonces, en ese momento, “contemplando en el cielo como las nubes con forma de bebés desaparecían”, decidimos dar el paso y salir a enfrentar la vida como una familia-de-dos.

jueves, 27 de septiembre de 2012

Crisis de identidad-Parte 1: Las preguntas


Hay momentos en que todo está en su lugar y pareciera que sé exactamente a donde voy.  Pero de pronto, al salir de mi hogar, pareciera que el ambiente se encarga de recordarme que “algo me falta": las familias con hijos, el súper, las escuelas, mi grupo apostólico,  todos ocupan un lugar, honrado y aplaudido.  Pero, a los padres sin hijos, a las familias-de-dos, ¿que lugar ocupamos? ¿Quien está cerca de nosotros? Pareciera que la sociedad te “obligara” a encasillarte o perseguirte con un plan hecho a tu medida: si estás soltera, vienen las preguntas, ¿para cuándo te vas a casar? ¿Qué estás esperando? Si te has casado, no tardan en continuar, ¿y para cuándo los hijos? ¿No te quieres embarazar? Desde personas bien intencionadas que te aman y te cuidan, hasta aquellas que sólo quieren estar informadas de cómo va tu vida, sólo por curiosidad. Y aunque estemos en paz, pues con tantas preguntas te llevan a dudar o a hacerte sentir incómoda, y hasta incompleta.  Como si el hecho en sí de ser infértil no fuese suficiente.
Pero saben, después de ser cuestionada una y mil veces, he tomado con firmeza el lugar que me corresponde y he decidido elegir (después de un camino interesante, el cual espero relatar pronto): Hoy he decidido ser feliz, así tal cual soy, con mi esposo, con nuestra familia-de-dos. Sí, tomo esto que la vida me ha regalado, esta bendición especial.  Y aprovecho lo que tengo.  Y dejo que esas preguntas lleguen y se vayan.
Termino con esta frase, que leí en algún libro: “no vine a este mundo a llenar tus expectativas; y tú no viniste a llenar las mías”…que increíble, si tan solo realmente lo viviéramos, otro cuento viviríamos.

miércoles, 19 de septiembre de 2012

¿Cambio de ruta?

He recorrido el camino con muchas mujeres* y es increíble la cantidad de parejas diagnosticadas con infertilidad no explicada. En este proceso he tenido tiempo de sentarme a reflexionar, a escrutar en mi corazón. ¿Cuál es el propósito de Dios para mi vida? ¿Qué querra El de mí, de nosotros? Llega el momento de cuestionarte.  Sí, a mis 18 jamás imaginé mi vida sin hijos: soñé como muchas, casarme, tener hijos, educarlos, en fin, una vida.  Un día leí en un libro, algo así (no recuerdo exactamente las palabras): "Mi vida a los (37) definitivamente no es lo que imaginé a los 20, pero Dios me ha bendecido y soy feliz de vivir esto que estoy viviendo; porque esto me ha hecho crecer...".  Me identifico tanto con esto.
Ahora nos toca "seguir enrutados" por un nuevo camino, diferente a aquel que nos planteamos hace 11 años (cuando nos casamos).  Ha sido interesante replantearnos nuestra aventura juntos.  Iniciamos con un plan en mente, y en estos últimos 5 años se ha reestructurado increíblemente (y yo que digo que soy una mujer a la cual no le gustan los cambios): cambio de país, de casa, nuevos amigos, nueva cultura; el regreso, un negocio, el cierre del negocio, empezar desde cero (pues en el negocio se fue todo el capital ahorrado); dos nuevos trabajos en el curriculum de mi esposo; mi montaña rusa emocional (cuando tocas fondo es cuando Dios obra con poder, y vaya que así lo he vivido).  Y aquí estamos, ahora más convencidos del plan de Dios para nuestra familia-de-dos.  Pero eso sí, hemos caminado juntos, sosteniéndonos de la mano con una fuerza que nunca pensamos que habría en nuestro interior (esa gracia que viene de lo alto cuando no queda nada más en que sostenerse).  Nos hemos descubierto en nuestra totalidad, sin ningún maquillaje, tal cual: hemos aprendido a navegar juntos confiando plenamente el uno en el otro; entregándonos nuestra totalidad (creo que este punto es un nuevo tema para el blog).  ¿Ha valido la pena el cambio de ruta que Dios nos preparó? ¡¡Sí, ha valido la pena y con creces!!!



*http://www.hannah.org/index.cfm?i=5455&mid=11
Aquí, encontré un foro cristiano que me ha animado, apoyado, en este proceso de ser una familia-de-dos.  El foro se llama Complete as Two.

jueves, 6 de septiembre de 2012

Gracias a Pedro Ferriz...(y a la memoria increíble de mi esposo)

Tal vez Pedro Ferriz nunca leerá está página.  Pero hoy quiero grabar en ella una frase que mi esposo me compartió esta mañana durante el desayuno.
Nuestra conversación giraba en torno a mi "miedo" de subir los posts que he escrito, pues mi mente divaga imaginando el montón de comentarios negativos, críticas destructivas, malos entendidos, que pudieran generar mis escritos.  Mi esposo se quedó escuchándome y, con esa mirada que bien conozco, se quedó pensativo, observándome.  Bien sabía yo que detrás de esa mirada venía algo sumamente interesante y además profundo.  Y así inció: "El día de ayer-escuchando a Pedro Ferriz comentar acerca del nuevo gabiente del Presidente electo-alguien lo increpó en cuanto a los comentarios que hacía al respecto de ciertas "personalidades" (no profundizaré al respecto).  Pero su respuesta me dejó pensativo, me marcó y fue la siguiente: "Si no soy yo y si no es ahora, ¿quién y cuándo?""
Me capturó la frase.  "Si no soy yo y si no es ahora, ¿quién y cuándo?" Si a mí me ha tocado esta bendita experiencia de una vida infértil biológicamente, ¿por qué no escribir al respecto? ¿Por que no convocar a un foro de esposas infértiles? ¿Por que no ocupar bien mi puesto que Dios me ha regalado: ser una familia-de-dos no por elección personal?  Comentarios vendrán, llegarán, volarán. Y no sólo negativos, sino también positivos y constructivos.  Y de todos aprenderé. Cada uno me enseñará algo.  En fin, hoy vuelvo a decidir retomar este loco sueño de escribir.

p.d. Pedro, ¡gracias, Dios siga bendiciéndote!
Y a mi esposo amado, ¡gracias por compartir conmigo esta frase; pero sobretodo, gracias por compartir juntos esta bendita aventura de una infertilidad-no-explicada!

La infertilidad en el matrimonio y cómo asumirla

La infertilidad en el matrimonio y cómo asumirla

lunes, 18 de junio de 2012

Para el hombre de mi vida

(Un día después del día del padre). Hoy quiero honrar al hombre que me ha elegido como esposa.  Al hombre que me ha permitido ser su amiga, su compañera de viaje, su intrépida cómplice (que aunque le vivo complicando la vida no deja de amarme).
Al hombre que ha caminado a mi lado esta aventura de la no-paternidad.  Para él tampoco ha sido fácil, saber que no tiene a sus propios hijos en casa; que tal vez nunca lo llamarán "papá"; que la soledad en casa siempre está acechando (y el silencio de algunos días complicados); que no llegará ese dibujo al refrigerador; que no llegará ese festival; en fin, que no es papá.  Hoy quiero honrarlo porque sin su compañía, sin su apoyo, jamás hubiese llegado a la "gozosa aceptación de mi no-maternidad biológica".  Él ha estado ahí, a mi lado, sosteniéndome con sus palabras, con sus brazos, con su presencia.  Protegiéndome del sin-fin de preguntas que te bombardean.  Hemos llorado juntos, hemos reído juntos, hemos soñado juntos.  Y caminando hombro a hombro, hemos aceptado juntos nuestra realidad de vida: construir con lo que tenemos, una familia-de-dos.
Honro la riqueza que él me regala con su presencia; pero no puedo dejar de honrar su Paternidad Espiritual:  "donde pudiera haber desierto, tú lo conviertes en vergel; donde la soledad pudiera acabarnos, tú la llenas de   risas y compañías; donde pudiera haber lamentaciones, hay gritos de júbilo".  Tienes hijos espirituales aquí y allá...tu corazón varonil, entregado a Dios, dispuesto a servirle, ha encontrado en los jóvenes la riqueza de los hijos.  Y cuando pareciera que nadie cercano está para abrazarte por el Día del Padre, una suave brisa Dios mismo te manda, y alguien se acerca y te lo recuerda: "Yo quiero orar por ti, porque para mí, tú eres un Padre Espiritual".  ¡Dios mismo se acerca a ti a través de este joven!
Felicidades Esposo, por el Excelente Padre Espiritual que eres para muchos...

viernes, 8 de junio de 2012

Olvidando mi esencia divina

Leyendo el libro "Tu Hijo, Tu espejo" (definitivamente un libro para aprender y crecer). Es increíble cuantas veces nos podemos sumir en la tristeza y soledad de lo que no tengo o no logro tener, y a cuantas oportunidades maravillosas cerramos la puerta por ello.  Estoy terminando de leer este increíble libro (¡felicidades a la autora, Martha Alicia Chavez!) y esta frase ha saltado a mi vista:
"Una persona feliz está plena, disfruta todo, hasta las pequeñas cosas, ama la vida y la abraza, y se relaciona con otros ya sean familiares, amigos o pareja, no porque los necesite para llenar sus vacíos, sino para compartir con ellos su abundancia y su plenitud" .
Para compartir con ellos "su abundancia y su plenitud", simplemente maravilloso.  Y aquí me detuve, porque esta frase no se refiere a lo que tengo o no tengo; a lo que los otros me den o no me den; a lo que he logrado o no he logrado; sino a mí misma.  ¡A lo que soy! Y cuantas veces por estar tan agobiada en mi "miseria" (viviendo en mi pasado, en sueños no cumplidos) no me percato de la riqueza que tengo; de la riqueza que soy (porque soy una Hija Amada de Dios, de ese Dios que es Amor Pleno y Fecundo).
Dios nos de la gracia y la sabiduría para indagar en nosotras mismas; para ir a la intimidad de nuestro corazón y descubrir que está opacando mi belleza, mi riqueza espiritual, mi valía, mi don único; para descubrir que está ocultando mi verdadera esencia. Esa esencia divina que hay en mí y que con el paso del tiempo la he ido olvidando, dejándola a un lado por estar tan enfrascada en cumplir con la rutina y con expectativas externas. Me lleno de todo lo exterior y me vacio de mí.  Y aquí es donde empiezan las cosas a complicarse, pues inica un fuerte desajuste entre quien realmente soy y la imagen que "debo ser". Y se experimenta una lucha interna.  Y sin más, se inicia el juego de cumplir las expectativas de los demás para sentirme bien, para saberme aceptada, para saberme "amada".  Y surge la necesidad del otro para llenar "esos vacíos", para "que me haga feliz".  Y la relación con el otro (familia, amigos, pareja, hijos) se convierte en un martirio, en una dependencia que ata, que asfixia, que no deja ser, ni al otro ni a ti. Surgen comparaciones, celos, envidias, ruidos nocivos para la relación. Con todo esto, la relación se convierte en una dependencia tóxica, que sin quererlo o sin saberlo, yo misma he propiciando. Sí, yo misma la he propiciado en el momento en que me olvido de mi esencia divina, de la belleza que hay en mi interior para dar, para compartir.  En cambio, cuando vivo bajo mi verdadera identidad, valorándome, amando mi esencia única, vivo en plenitud, soy feliz, sin necesidad de demostrar, de que me vean, de que me aplaudan; sin la necesidad absurda de compararme.  En este momento puedo darme al otro en plenitud, puedo compartir mi riqueza con su riqueza; puedo valorar porque me valoro; puedo aceptar porque me acepto; puedo amar porque me amo. Y el encuentro con el otro, ahora sí, se convierte en un encuentro para compartir "abundancia y plenitud".


martes, 3 de abril de 2012

Corriendo libremente

Este tema surgió de una de mis sesiones de correr (tengo algunas semanas que lo retomé y no soy profesional).  Pero,  me encanta poder hacerlo, sentir la libertad, rodeada de árboles, el lago, las familias que van a disfrutar de un buen rato; en fin. Y ahí mientras corría (aunque creo que ese día caminé más que corrí) pensaba en nuestro futuro. Nuestro matrimonio.  Vendrán momentos donde nos tocará correr solos, tenemos amigos, tenemos familia; pero no tenemos "aquellos" que tomarán nuestra estafeta (la posta) para continuar o prolongar nuestro linaje.  No, no los hay, pero lo que sí hay es un presente increíble, un presente donde podemos "correr juntos" e ir forjando nuestro futuro.  Cada vez que corro pienso en el valor de mi vida como hija de Dios, en la bendición de estar ahí, corriendo libremente, y lo disfruto tanto.  Disfruto poder cansarme, disfruto el estar viva; el estar haciendo algo que marcará una diferencia en mi vida (pues no creo que al mundo entero le interese si yo corro o no). Y "disfruto correr al lado de mi esposo".  Y eso es lo que Dios me ha enseñado en este tiempo, disfrutar, cansarme, pero no hundirme o derrotarme.  Puedo seguir corriendo, ¿cuándo dejaré de correr? No lo sé, y creo que todo dependerá del ánimo, empeño, energía, alegría, o frustración, desánimo o queja con que yo misma "adereze" mi vida, mi matrimonio. Aunque corra "diferente" puedo llegar a la meta; cada corredor tiene su forma única de correr y eso no lo limita a participar en alguna carrera.  Pues así nosotros, somos una familia-de-dos, pero eso no nos impide "correr" en la vida, participar de ser una familia y alcanzar la plenitud para la cual fuimos llamados. Así que mientras Dios nos lo permita, ¡seguiremos corriendo!

viernes, 24 de febrero de 2012

Sin comentarios...

Bueno, este post es sólo para preguntar si vale la pena continuar con este blog.  Sé que el tema de la infertilidad-no explicada es un asunto aun delicado de exponer en público, especialmente enmedio de nuestra cultura latina.  Aún es un tema "tabú". Difícil de entender, explicar y aceptar.  Pero creo que a mí me ayudó enfrentarlo y escribir. Sumergirme en mi realidad, aceptarla y encotrar otras mujeres que con su fe bien puesta en Dios quisieran vivir a plenitud este llamado especial (claro, después de haber pasado por la travesía normal de todo duelo).  Y muchas de ellas han sido llamadas a la adopción, ¡gloria a Dios!  A otras, Dios nos llama a vivir en plenitud así, como familia-de-dos.  Lo importante es descubrir y abrazar el llamado de Dios, ese llamado para el que te preparó desde antes que nacieras.  
Bueno, la pregunta queda en el aire.  Espero sus comentarios.

miércoles, 1 de febrero de 2012

Un día de esos

Hoy es un día de esos.  Un día donde todas las pláticas a tu alrededor giran alrededor de los hijos, complicaciones y deleites (ups and downs with them); los sueños a futuro a su lado, los nietos que llegarán. ¡Un día para cuidar el ánimo!
En nuestra película no hay hijos. No quisieron llegar. (Delete).  Es aquí donde tuvimos que reescribir nuestra historia.  A veces imaginamos que nuestra propia historia será tal cual la imaginamos, te casas, tienes hijos, los educas, crecen, se casan, tienes nietos. Pues, no siempre sucede así. Aquí es donde tuvimos que redefinir la nuestra. Frenamos, enfrentamos, lloramos, reimos, redireccionamos, nos preguntamos: ¿que se hace con la infertilidad? ¿Cómo se maneja? ¿Cómo se vive? No, nuestra historia no iba a ser igual a otras.  
Pero bueno, regresando a este día, hoy apareció ese sentimiento raro; no es así todos los días, pero de pronto aparece, sale de su escondite con el único afán de recordarme que soy una mujer y esposa infértil. Interesante.  
Y es el momento de contraatacar (aunque el ánimo no ayude); no dar rienda suelta a la loca de la casa (la mente); y valorar.  Valorar las bendiciones de nuestra historia (y porque no, de nuestra libertad).  Sumergirme en los blogs de otras mujeres que viven mi misma realidad, para no sentir que nado sola contra corriente.  Al rato pasará. No dejo de repetirme: ¡Dios es bueno! Y aprovecho la tarde para tomarme una buena siesta; o tomar un buen café con un buen libro en mi mano. 

jueves, 26 de enero de 2012

Crisis de identidad

Creo que es algo inesperado, llega de pronto y nos sorprende. Puedes despertarte, hacer tu rutina diaria, tu servicio en la iglesia, ir y venir y de pronto,  es como un vacío ahí o una pregunta que la sociedad te presenta, no eres mamá, no tienes hijos, entonces qué eres.  A tu alrededor es lo mismo, pareciera que todo cobra significado sólo en el momento de ser mamá.  En el día a día, muchas de las reuniones a las que asisto giran en torno a los hijos.  Y está bien, nuestro entorno familiar y comunitario es de familias (si yo hubiera tenido hijos estarían en edad escolar y mi vida giraría en torno a ellos, lo sé). Lo comprendo, lo acepto y lo vivo (y créanme que lo he llegado a disfrutar: ser una mujer sin hijos; aunque esta identidad no quepa en muchas cabezas).  Sólo que hay días complicados.
Quiero caminar por este mundo con mi frente en alto, sin permitir que mi vocación particular me sea arrebatada por el viento que sople.  Quiero mantenerme confiando en que Dios nunca se equivoca y conoce los secretos más íntimos de mi corazón, y que El bien sabe que mi gozo está en hacer su voluntad.  Es su Amor el que me afirma y me da identidad, no esta sociedad. Soy hija de Dios, con una vocación especial diseñada por El sólo para mí.   

jueves, 19 de enero de 2012

Porqué escribo este blog


“¿Cuántos años de casada? ¿Y cuántos hijos?” Es una pregunta inevitable en cualquier primer encuentro. Tengo 37 años y mi esposo 38, por 5 años viví la esperanza de un embarazo que no llegó.   En ese tiempo me sumergí, soy una lectora afanosa, a buscar toda la literatura relacionada con este tema: deje toda clase de carbohidratos “nocivos” para el organismo, tomé los “mejores complementos del mercado”, cuidé mi dieta (nuestra dieta) para lograr una fecundación exitosa, empecé a hacer ejercicio (de lo cual no me arrepiento).  Creo que aprendí a vivir sanamente con un objetivo en mente: embarazarnos.  Aún recuerdo claramente cuando fuimos al consultorio de un especialista en infertilidad, revisó nuestros estudios: “Todo bien. No veo nada que esté obstaculizando su embarazo. No tiene síntomas de Endometriosis. Veamos su dieta”. Y empieza a leer la lista de todo lo “artificial, industrial, azucarado, carbohidratoso” que yo debía dejar a un lado.  (En pocas palabras, todo lo delicioso y agradable al paladar que nos ofrece el supermercado).  Mi respuesta era “no, no, eso ya lo dejé, tengo meses de no tomar refresco, dejé ese tipo de comida, no, no, y  nop”.  Ahora sí, él estaba sorprendido.  “No veo nada más. Tal vez alguna operación pudiese ayudar.” Bueno, aquí terminó nuestra visita.  Si todo estaba bien, entonces pronto tendría que pasar.  Así es la vida.  Así sucede.
Como ya has de conocer mi historia, por los anteriores escritos que publiqué, ese objetivo no se logró. 
Por mucho tiempo sentí que había fallado como esposa, que mi cuerpo estaba bloqueado.  Y aunque rodeada de amigas que hacían su mejor esfuerzo por comprenderme (se los agradezco infinitamente) me sentí sola mucho tiempo, nadie compartía esta situación (alguien se ha sentido fuera de lugar??? extraña??? Pues así me sentía yo).  Necesitaba un lugar donde pudiera sentirme libre de compartir acerca de mi “incapacidad de concebir”, un lugar para nadar libremente.  La búsqueda empezó y sólo encontré estadísticas, métodos de reproducción asistida, adopción; y toda era información "sin Dios".  No, yo quería algo humano y cristiano. 
Así que en esta búsqueda que estábamos viviendo (mi esposo y yo-honro a mi esposo que siempre ha estado apoyándome y valorándome); invitamos a Dios a dirigirla.  El estaba en medio de todo y sabía por donde “dirigir la búsqueda”. Así que un buen día, sin encontrar algo que llenase mis necesidades, algo en mí empezó a moverme a escribir.  Antes de dar el paso (o más bien, de tomar la laptop), comencé a pedirle a Dios me mostrase si El quería que yo escribiera en esta línea, o sólo era un simple deseo humano.  Para las que conocen a nuestro Dios y Señor, saben bien que El responde en el momento indicado ni antes ni después.  Así que esta pregunta la lancé hace dos años aproximadamente y finalmente en el 2011 empezó a llegar la respuesta.
Esta famosa búsqueda me llevó el año pasado a encontrar un foro cristiano (en inglés), donde encontré mujeres cristianas que han aceptado vivir en plenitud la voluntad de Dios en sus vidas en medio de su infertilidad-no-explicada:  http://www.hannahsprayer.org.  Encontré el lugar donde puedo nadar libremente y ¡Dios es el dueño de ese lugar! Ellas me han animado también a escribir (Dios sabe como llamarnos).  Y mi esposo no cesa de creer en mí. 
Así que así nació este blog. Primero en el corazón de Dios, después en el mio y ahora en la red.  No sé que querrá el Señor con esto, pero sé que lo estoy obedeciendo al escribir, con esa certeza de experimentar plenitud al hacerlo.  Así que estaré aquí hasta que El marque otra cosa. Por el momento, estoy aprendiendo a nadar con Dios en ser una-familia-dos.  Estoy dejando que El me siga sorprendiendo con Su Plan de Amor para nuestro matrimonio.