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Familia-de-dos, cuando los hijos no llegan

“…los esposos a los que Dios no ha concedido tener hijos pueden llevar una vida conyugal plena de sentido, humana y cristianamente. Su matrimonio puede irradiar una fecundidad de caridad, de acogida y de sacrificio.” (Catecismo de la Iglesia Católica, 1654). En palabras personales, "pueden vivir en plenitud-aunque la historia sea diferente a lo normal."

jueves, 19 de enero de 2012

Porqué escribo este blog


“¿Cuántos años de casada? ¿Y cuántos hijos?” Es una pregunta inevitable en cualquier primer encuentro. Tengo 37 años y mi esposo 38, por 5 años viví la esperanza de un embarazo que no llegó.   En ese tiempo me sumergí, soy una lectora afanosa, a buscar toda la literatura relacionada con este tema: deje toda clase de carbohidratos “nocivos” para el organismo, tomé los “mejores complementos del mercado”, cuidé mi dieta (nuestra dieta) para lograr una fecundación exitosa, empecé a hacer ejercicio (de lo cual no me arrepiento).  Creo que aprendí a vivir sanamente con un objetivo en mente: embarazarnos.  Aún recuerdo claramente cuando fuimos al consultorio de un especialista en infertilidad, revisó nuestros estudios: “Todo bien. No veo nada que esté obstaculizando su embarazo. No tiene síntomas de Endometriosis. Veamos su dieta”. Y empieza a leer la lista de todo lo “artificial, industrial, azucarado, carbohidratoso” que yo debía dejar a un lado.  (En pocas palabras, todo lo delicioso y agradable al paladar que nos ofrece el supermercado).  Mi respuesta era “no, no, eso ya lo dejé, tengo meses de no tomar refresco, dejé ese tipo de comida, no, no, y  nop”.  Ahora sí, él estaba sorprendido.  “No veo nada más. Tal vez alguna operación pudiese ayudar.” Bueno, aquí terminó nuestra visita.  Si todo estaba bien, entonces pronto tendría que pasar.  Así es la vida.  Así sucede.
Como ya has de conocer mi historia, por los anteriores escritos que publiqué, ese objetivo no se logró. 
Por mucho tiempo sentí que había fallado como esposa, que mi cuerpo estaba bloqueado.  Y aunque rodeada de amigas que hacían su mejor esfuerzo por comprenderme (se los agradezco infinitamente) me sentí sola mucho tiempo, nadie compartía esta situación (alguien se ha sentido fuera de lugar??? extraña??? Pues así me sentía yo).  Necesitaba un lugar donde pudiera sentirme libre de compartir acerca de mi “incapacidad de concebir”, un lugar para nadar libremente.  La búsqueda empezó y sólo encontré estadísticas, métodos de reproducción asistida, adopción; y toda era información "sin Dios".  No, yo quería algo humano y cristiano. 
Así que en esta búsqueda que estábamos viviendo (mi esposo y yo-honro a mi esposo que siempre ha estado apoyándome y valorándome); invitamos a Dios a dirigirla.  El estaba en medio de todo y sabía por donde “dirigir la búsqueda”. Así que un buen día, sin encontrar algo que llenase mis necesidades, algo en mí empezó a moverme a escribir.  Antes de dar el paso (o más bien, de tomar la laptop), comencé a pedirle a Dios me mostrase si El quería que yo escribiera en esta línea, o sólo era un simple deseo humano.  Para las que conocen a nuestro Dios y Señor, saben bien que El responde en el momento indicado ni antes ni después.  Así que esta pregunta la lancé hace dos años aproximadamente y finalmente en el 2011 empezó a llegar la respuesta.
Esta famosa búsqueda me llevó el año pasado a encontrar un foro cristiano (en inglés), donde encontré mujeres cristianas que han aceptado vivir en plenitud la voluntad de Dios en sus vidas en medio de su infertilidad-no-explicada:  http://www.hannahsprayer.org.  Encontré el lugar donde puedo nadar libremente y ¡Dios es el dueño de ese lugar! Ellas me han animado también a escribir (Dios sabe como llamarnos).  Y mi esposo no cesa de creer en mí. 
Así que así nació este blog. Primero en el corazón de Dios, después en el mio y ahora en la red.  No sé que querrá el Señor con esto, pero sé que lo estoy obedeciendo al escribir, con esa certeza de experimentar plenitud al hacerlo.  Así que estaré aquí hasta que El marque otra cosa. Por el momento, estoy aprendiendo a nadar con Dios en ser una-familia-dos.  Estoy dejando que El me siga sorprendiendo con Su Plan de Amor para nuestro matrimonio.  

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