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Familia-de-dos, cuando los hijos no llegan

“…los esposos a los que Dios no ha concedido tener hijos pueden llevar una vida conyugal plena de sentido, humana y cristianamente. Su matrimonio puede irradiar una fecundidad de caridad, de acogida y de sacrificio.” (Catecismo de la Iglesia Católica, 1654). En palabras personales, "pueden vivir en plenitud-aunque la historia sea diferente a lo normal."

martes, 3 de abril de 2012

Corriendo libremente

Este tema surgió de una de mis sesiones de correr (tengo algunas semanas que lo retomé y no soy profesional).  Pero,  me encanta poder hacerlo, sentir la libertad, rodeada de árboles, el lago, las familias que van a disfrutar de un buen rato; en fin. Y ahí mientras corría (aunque creo que ese día caminé más que corrí) pensaba en nuestro futuro. Nuestro matrimonio.  Vendrán momentos donde nos tocará correr solos, tenemos amigos, tenemos familia; pero no tenemos "aquellos" que tomarán nuestra estafeta (la posta) para continuar o prolongar nuestro linaje.  No, no los hay, pero lo que sí hay es un presente increíble, un presente donde podemos "correr juntos" e ir forjando nuestro futuro.  Cada vez que corro pienso en el valor de mi vida como hija de Dios, en la bendición de estar ahí, corriendo libremente, y lo disfruto tanto.  Disfruto poder cansarme, disfruto el estar viva; el estar haciendo algo que marcará una diferencia en mi vida (pues no creo que al mundo entero le interese si yo corro o no). Y "disfruto correr al lado de mi esposo".  Y eso es lo que Dios me ha enseñado en este tiempo, disfrutar, cansarme, pero no hundirme o derrotarme.  Puedo seguir corriendo, ¿cuándo dejaré de correr? No lo sé, y creo que todo dependerá del ánimo, empeño, energía, alegría, o frustración, desánimo o queja con que yo misma "adereze" mi vida, mi matrimonio. Aunque corra "diferente" puedo llegar a la meta; cada corredor tiene su forma única de correr y eso no lo limita a participar en alguna carrera.  Pues así nosotros, somos una familia-de-dos, pero eso no nos impide "correr" en la vida, participar de ser una familia y alcanzar la plenitud para la cual fuimos llamados. Así que mientras Dios nos lo permita, ¡seguiremos corriendo!

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