Páginas

Familia-de-dos, cuando los hijos no llegan

“…los esposos a los que Dios no ha concedido tener hijos pueden llevar una vida conyugal plena de sentido, humana y cristianamente. Su matrimonio puede irradiar una fecundidad de caridad, de acogida y de sacrificio.” (Catecismo de la Iglesia Católica, 1654). En palabras personales, "pueden vivir en plenitud-aunque la historia sea diferente a lo normal."

viernes, 8 de junio de 2012

Olvidando mi esencia divina

Leyendo el libro "Tu Hijo, Tu espejo" (definitivamente un libro para aprender y crecer). Es increíble cuantas veces nos podemos sumir en la tristeza y soledad de lo que no tengo o no logro tener, y a cuantas oportunidades maravillosas cerramos la puerta por ello.  Estoy terminando de leer este increíble libro (¡felicidades a la autora, Martha Alicia Chavez!) y esta frase ha saltado a mi vista:
"Una persona feliz está plena, disfruta todo, hasta las pequeñas cosas, ama la vida y la abraza, y se relaciona con otros ya sean familiares, amigos o pareja, no porque los necesite para llenar sus vacíos, sino para compartir con ellos su abundancia y su plenitud" .
Para compartir con ellos "su abundancia y su plenitud", simplemente maravilloso.  Y aquí me detuve, porque esta frase no se refiere a lo que tengo o no tengo; a lo que los otros me den o no me den; a lo que he logrado o no he logrado; sino a mí misma.  ¡A lo que soy! Y cuantas veces por estar tan agobiada en mi "miseria" (viviendo en mi pasado, en sueños no cumplidos) no me percato de la riqueza que tengo; de la riqueza que soy (porque soy una Hija Amada de Dios, de ese Dios que es Amor Pleno y Fecundo).
Dios nos de la gracia y la sabiduría para indagar en nosotras mismas; para ir a la intimidad de nuestro corazón y descubrir que está opacando mi belleza, mi riqueza espiritual, mi valía, mi don único; para descubrir que está ocultando mi verdadera esencia. Esa esencia divina que hay en mí y que con el paso del tiempo la he ido olvidando, dejándola a un lado por estar tan enfrascada en cumplir con la rutina y con expectativas externas. Me lleno de todo lo exterior y me vacio de mí.  Y aquí es donde empiezan las cosas a complicarse, pues inica un fuerte desajuste entre quien realmente soy y la imagen que "debo ser". Y se experimenta una lucha interna.  Y sin más, se inicia el juego de cumplir las expectativas de los demás para sentirme bien, para saberme aceptada, para saberme "amada".  Y surge la necesidad del otro para llenar "esos vacíos", para "que me haga feliz".  Y la relación con el otro (familia, amigos, pareja, hijos) se convierte en un martirio, en una dependencia que ata, que asfixia, que no deja ser, ni al otro ni a ti. Surgen comparaciones, celos, envidias, ruidos nocivos para la relación. Con todo esto, la relación se convierte en una dependencia tóxica, que sin quererlo o sin saberlo, yo misma he propiciando. Sí, yo misma la he propiciado en el momento en que me olvido de mi esencia divina, de la belleza que hay en mi interior para dar, para compartir.  En cambio, cuando vivo bajo mi verdadera identidad, valorándome, amando mi esencia única, vivo en plenitud, soy feliz, sin necesidad de demostrar, de que me vean, de que me aplaudan; sin la necesidad absurda de compararme.  En este momento puedo darme al otro en plenitud, puedo compartir mi riqueza con su riqueza; puedo valorar porque me valoro; puedo aceptar porque me acepto; puedo amar porque me amo. Y el encuentro con el otro, ahora sí, se convierte en un encuentro para compartir "abundancia y plenitud".


No hay comentarios:

Publicar un comentario