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Familia-de-dos, cuando los hijos no llegan

“…los esposos a los que Dios no ha concedido tener hijos pueden llevar una vida conyugal plena de sentido, humana y cristianamente. Su matrimonio puede irradiar una fecundidad de caridad, de acogida y de sacrificio.” (Catecismo de la Iglesia Católica, 1654). En palabras personales, "pueden vivir en plenitud-aunque la historia sea diferente a lo normal."

viernes, 28 de septiembre de 2012

Crisis de identidad-Parte 2: El camino recorrido


Simplemente no es fácil caminar por la vida siendo señalada o sintiéndote señalada como una pareja infértil.  Las preguntas van y vienen; llegan cuando menos lo esperas, como esa repentina lluvia que te moja sin querer, pero que te deja empapado. Creo que a estas alturas ya las preguntas serán parte de nuestra vida.  Por lo tanto, sabíamos que tarde o temprano llegaría el momento en que tendríamos que hacer un buen alto y cuestionarnos: qué esperamos como pareja de la vida y que queremos darle con los recursos actuales; hasta donde lo intentaremos; en que momento estaremos dispuestos a vernos ya como una familia-de-dos;  optaremos por la adopción, etc. El tiempo pasaba junto con los años, ya no éramos  tan jóvenes; así que ese día debía llegar.
La aceptación de nuestra infertilidad no fue un proceso mágico.  El tiempo que llevó no puede ser definido dentro de una receta médica, estipulado fríamente por etapas fijas.
Abrir mis ojos y enfrentarme a la realidad que me tocaba vivir, y que habíamos decidido aceptarla, fue el inicio del proceso.  Mi esposo y yo estábamos listos.  ¿Después de cuánto tiempo? No lo sé a ciencia cierta, pero ya habían pasado 4 ó 5 años.  Cuánto tiempo nos tomó aceptar en plenitud nuestra infertilidad, tampoco lo recuerdo.  Pero sé que no fue un periodo de días, meses o años; fue, y es, un periodo de nosotros como pareja, no delimitado por un tiempo físico.  Fueron días de largas conversaciones, aprendimos a dialogar, a comunicarnos más allá de las palabras; a amarnos y valorarnos en la fragilidad de nuestra infertilidad, y en el reajuste de nuestro plan de vida como pareja.  Aprendimos a estar cerca y sostenernos cuando la marea subía y quería arrebatarnos nuestra paz.  Algunos días estuvieron llenos de lágrimas, otros de reclamo; llegaba también la incomprensión, con su amiga la soledad.  Pero no nos faltó la gracia divina para seguir riendo, y muchas veces, para bromear de nuestra infertilidad.
El tiempo nos enseñó a respetar el proceso del otro.  A darle su tiempo y espacio para ir caminando con la infertilidad, para cuestionarse personalmente y luego cuestionarnos juntos. ¿Estábamos dispuestos a caminar como una familia-de-dos con todas sus implicaciones, retos, incomprensiones? Unos días el sí era definitivo; en otros, la duda se presentaba, ¿estaremos haciendo lo correcto? Volvíamos al tema inicial, preguntábamos a otros, cuestionábamos a Dios, compartíamos nuevamente los miedos, la soledad que llegaría, en fin.  Y en los ires y venires de los cuestionamientos, hubo algo que colaboró muchísimo y fue mirar a nuestro alrededor.  Sí, ver donde estábamos parados y quienes estaban con nosotros.
En todo proceso de toma de decisiones se recomienda ver los pros y los contras, nombrarlos, escribirlos, proyectarlos sin miedo; y eso fue lo que hicimos. Por eso para nosotros fue tan importante mirar nuestro interior y mirar a nuestro alrededor.  Pues somos seres humanos fincados en y sobre relaciones humanas.  Y aquí vimos la riqueza que tenemos, el tesoro reservado y a veces descuidado: el apoyo fuerte e incondicional, familiar y comunitario.  Ellos estarían cerca, no nos dejarían abandonados cuando el tiempo de la vida mostrara las primeras arrugas, cuando las cosas empezaran a olvidársenos, cuando el cuerpo ya no nos respondiera como antes.  Y los vimos a ellos, nuestros hijos espirituales, físicamente ausentes, presentes por temporadas, pero parte de nuestras vidas.  ¿Experimentaríamos la soledad? Sí, pero que pareja no la vive; el nido vacío ya es parte de nuestra historia. 
Entonces, en ese momento, “contemplando en el cielo como las nubes con forma de bebés desaparecían”, decidimos dar el paso y salir a enfrentar la vida como una familia-de-dos.

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