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Familia-de-dos, cuando los hijos no llegan

“…los esposos a los que Dios no ha concedido tener hijos pueden llevar una vida conyugal plena de sentido, humana y cristianamente. Su matrimonio puede irradiar una fecundidad de caridad, de acogida y de sacrificio.” (Catecismo de la Iglesia Católica, 1654). En palabras personales, "pueden vivir en plenitud-aunque la historia sea diferente a lo normal."

jueves, 18 de octubre de 2012

¿Y la adopción?

Bueno, como comenté en el anterior post, las preguntas iban a seguir llegando.  No hay mucho que decir, lo hablamos, lo conversamos, hablamos con Aquel que nos ha bendecido y conducido.  En fin, tomados de su mano tomamos la decisión de vivir en plenitud como una familia-de-dos.
Sé que no es necesario dar una y mil explicaciones, pero quiero plasmar muy brevemente en este espacio algo de nuestra decisión.  Empiezo por compartir una  hermosa respuesta que leí en el blog de una mujer que como yo (Pamela Tsigdinos), ha optado, junto a su esposo, por vivir a plenitud este llamado particular:

Nunca he entendido porqué la gente automáticamente cree, que porque una pareja no tiene hijos propios, ellos deben adoptar. Es como esperar que un hombre o una mujer que no se han casado opten automáticamente por la vida religiosa. Llegar a ser padres por adopción es un llamado, tal cual lo es la vida religiosa. No toda persona soltera optará por la vida consagrada, al igual que no toda mujer sin hijos propios optará por la adopción…” (aclaro que este escrito se lo mandó su mamá).

La adopción es un llamado, una vocación, no es el “remedio a la infertilidad”, no debe ser visto así. Al contrario, creo que debe vivirse bien el proceso completo de aceptar la infertilidad para dar el siguiente paso, sea cual fuere. Vivir el duelo correspondiente: "El proceso de duelo consiste en "despedir" al niño soñado, que ni siquiera existe en la realidad, y abrirse plenamente al que llegará" (Vifac, catholic.net).   Porque si no, en caso de la adopción, estaríamos cometiendo el grave error de creer que aquel pequeño en adopción traerá la felicidad completa a la vida familiar; poniendo en él las expectativas frustradas: "mirarán al hijo como un medio para poblar el vacío causado por el bebé no nacido. Pretenderán llenar un hueco profundo en su matrimonio…, con gran daño para la criatura adoptada, pues no se le querrá por si misma" (Vifac, catholic.net).  Es por ello que aplaudo a cada matrimonio que es llamado a la adopción y se atreve a vivir con valentía su infertilidad para dar paso a la nueva vida que han decidio construir.  Y de igual manera, aplaudo a cada pareja que toma otra decisión, para abrazar el llamado particular que Dios les hace.