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Familia-de-dos, cuando los hijos no llegan

“…los esposos a los que Dios no ha concedido tener hijos pueden llevar una vida conyugal plena de sentido, humana y cristianamente. Su matrimonio puede irradiar una fecundidad de caridad, de acogida y de sacrificio.” (Catecismo de la Iglesia Católica, 1654). En palabras personales, "pueden vivir en plenitud-aunque la historia sea diferente a lo normal."

jueves, 20 de diciembre de 2012

Y llegará el invierno de nuestras vidas


Nos vamos haciendo viejos.  El reloj biológico no deja de caminar y mostrar sus efectos no solo físicos sino también psicológicos y emocionales.  Sé que llegarán los días donde la soledad infértil y dolorosa volverá a hacer de las suyas.   Esos días de invierno llegarán y “ellos” se verán rodeados de sus hijos y nietos.  Habrá fiestas, invitaciones, risas compartidas alrededor de los hijos.  Nosotros estaremos solos. Suena un poco aterrador, ¿no? Es nuestra realidad, no podemos encerrarnos, pero es aquí donde debemos proyectarnos hacia un futuro que compartiremos juntos; un futuro que mi esposo y yo debemos construir en base a nuestra familia-de-dos.  
Sin embargo, compartiendo con un amigo muy querido por nosotros (miembro de una familia-de-dos) nos hacía recordar que a este punto llegarán todos los matrimonios.  Llegará el momento del nido vacío, la pareja nuevamente sola en casa; la despedida de los hijos, muchos quedarán cerca, otros volarán lejos.  Permítanme platicarles de un testimonio que me compete: veo esta realidad en mis padres quienes ahora viven solos (sus hijas vivimos en otra ciudad).  Estamos cerca, nos frecuentamos, hablamos seguido por teléfono.  Sin embargo, ellos han reestructurado su vida, han aprendido a vivir en plenitud estando ellos solos.  No se encerraron tras las puertas de la casa, sino al contrario.  Mi papá a sus 65 (o 66) años sigue trabajando felizmente, es director de una escuela secundaria y disfruta estar con los jóvenes, aprovecha oportunidades para darles un consejo, para animarlos. Busca conocer de esto o aquello, se inscribe en diferentes cursos, camina todas las mañanas.  Por otro lado, mi mamá se jubiló hace ya más de 8 años. Y es una mujer feliz, tiene sus grupos de amigas, sus desayunos, sus diferentes apostolados dentro de la iglesia, intercesión un día, clases de biblia al siguiente; visitas a los enfermos; y cierto día lo separa para ir a una ciudad cercana a un movimiento católico donde se reune con otro grupo de amigas a interceder por los hijos.  Pocas veces la encuentro en casa por las mañanas, y eso me alegra mucho; sus diferentes grupos sociales la hacen una mujer socialité, como la llamo yo.  Muchas mujeres de diferentes edades la buscan para invitarla a desayunar, para pedirle un consejo, para que las acompañe a algún viaje cerca y está disponible.  Son una pareja que aprendió a vivir con el nido vacío, después de haber sido una familia de cinco.  Sí, sus hijas están físicamente por ahí cerca; pero en el día a día caminan solos; como una familia-de-dos.
Saben, cuando lleguemos a viejos, Dios nos de la gracia de llegar plenos y felices, no por lo que tenemos o hay a nuestro alrededor, sino por lo que somos. Por haber vivido haciendo lo que nos correspondía como familia-de-dos; de-tres; de-cinco o de más. Llegar a la meta con la sonrisa del deber cumplido.
Veo hacia el futuro con ojos llenos de esperanza, con una certeza en Aquel que me ha puesto en este mundo para hacer y ser alguien especial. Porque esa es la promesa que El mismo nos ha hecho: "Porque Yo sé los planes que tengo para ustedes, planes de bienestar y prosperidad...de darles un futuro lleno de esperanza" Jeremías 29, 11.