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Familia-de-dos, cuando los hijos no llegan

“…los esposos a los que Dios no ha concedido tener hijos pueden llevar una vida conyugal plena de sentido, humana y cristianamente. Su matrimonio puede irradiar una fecundidad de caridad, de acogida y de sacrificio.” (Catecismo de la Iglesia Católica, 1654). En palabras personales, "pueden vivir en plenitud-aunque la historia sea diferente a lo normal."

jueves, 28 de noviembre de 2013

Aniversario 40 de mi compañero de vida

En estos días he observado detenidamente al hombre que comparte conmigo su vida. Al compañero, al amigo, al amante, mi esposo, mi cómplice en todo. Creo que nunca he publicado en esta página los poemas que brotan de un corazón eternamente amante y agradecido por él.  Hoy quiero compartir el poema de este año, que consolida mucho pero agota poco.

Te amo con la locura y la certeza de los años compartidos.
Te amo por la ternura de aquel primer amor que conquistó mi sonrisa, y hoy con el amor que consolida.
Te amo con el enamoramiento de los primeros años que se quedó escondido entre nosotros dos locos.
Te amo con la chispa del ayer y el fuego del presente.
Te amo con los detalles del ayer y del ahora, con los que llegaron y los que se quedaron en el tintero.
Te amo con la juventud de nuestros veintes y la madurez de los nuevos años.
Te amo con el recuerdo de un ayer bendecido y la mirada de un presente que nos sorprende.
Te amo con la historia compartida, con cada capítulo vivido sin omitir ninguno.
Te amo en los sueños del ayer que se fueron y en los presentes que nos sorprenden.
Te amo en la despedida de tanto y en la llegada de mucho.
Te amo en la dependencia de un ayer y la libertad compartida del hoy.
Te amo en tu serenidad y en tu locura.
Te amo con mi locura y mi cordura.
Te amo en la incomprensión del silencio y en la empatía compartida.
Te amo en la soledad de tu cueva y en la algarabía de nuestros encuentros.
Te amo con la energía que despidieron ayer nuestros cuerpos, y con el cansancio que hoy reflejan.
Te amo en la mirada que lo comprende todo, y en aquella que no comprende nada.
Te amo en tu tranquilidad que me abraza y en el desasosiego que nos une.
Te amo en tu cuerpo y en tu alma.
Te amo con lo mejor de ti y con aquellos momentos álgidos que solo yo conozco.
Te amo en los momentos oscuros de nuestras almas, y en los momentos más radiantes.
Te amo en tu caminar y en aquellos dulces momentos de descanso.
Te amo en la totalidad de tu ser.
Te amo por ser el hombre que creyó en mí, y por ser hoy el esposo que no deja de entregármelo todo.
Te amo por estar siempre cerca tocando mi alma y mi cuerpo.

Te amo. Tu esposa y eterna admiradora.

miércoles, 6 de noviembre de 2013

Estar presente


Definitivamente el vivir cada momento en plenitud es un regalo divino.  La mayoría de los seres humanos (o los habitantes de la ciudad en la cual vivo) estamos tan “acostumbrados” a vivir en el futuro, a proyectar, planear para no errar en lo que viene, que la vida presente se desparrama como el agua en nuestras manos (no es malo proyectar ni planear, al contrario, son herramientas de eficiencia, de orden; pero cuando se convierten en herramientas que secuestran el presente, ahí es donde el asunto no es tan eficiente). Y es aquí, en este secuestro, que se experimenta la vida como un robo, como un algo que nunca tengo entre mis manos, una sensación de que el tiempo me está comiendo.

¿Qué tal si mejor nos proyectamos en nuestro presente? Jorge Bucay, terapeuta y escritor argentino, bien menciona lo siguiente: “¿Qué mejor momento para las cosas que el momento en que suceden?” Pero estamos tan distraídos en la planeación del futuro, en la angustia del pasado, en la ansiedad de la vida.  “Cada día tiene su propio afán” (cfr. Mateo 6,34) entonces, porque no hacer un alto, un pequeño respiro y dialogar. Disfrutar, disfrutarme, disfrutarte. Estar presente.  Esto es lo que yo soy, esto es lo que tengo, estos son mis dones, estas son mis complicaciones.  Tengo mucho y tengo poco, pero esto es lo que soy.  Sin comparaciones absurdas.  Mi realidad es única, es mágica y es mía.  Creo en un Dios real y verdadero, presente en mi vida, cercano a mi corazón, un Dios que me ama más de lo que pueda yo imaginar, un Dios que me ha otorgado el don de la vida para disfrutarla. Quien ha bendecido mi realidad, así tal cual, con sus detalles normales (¡qué difícil fue y es bajarme de mi propio cuento de hadas! Pero créanme, bien ha valido la pena y por mucho).  Aceptar mi realidad me ha abierto las puertas para vivir en plenitud mi presente. Así que hoy lo puedo escribir: estoy aprendiendo a estar presente no sólo para el otro, sino también para mí.

jueves, 27 de junio de 2013

Aprovechando nuestra libertad

Ahora sí llegó el verano y con él un cúmulo de actividades con los jóvenes.  En estas últimas dos semanas he andado como loca, corriendo al lugar del evento, estando un rato con ellos y ya en la noche regresar a casa. Nuestros jóvenes, en esta ocasión alrededor de 100, están recibiendo un entrenamiento para ir a misionar. Por dos semanas reciben un montón de formación espiritual, formación humana, formación en su liderazgo.  Mi rol, junto con otras mujeres (a las cuales admiro muchísimo) es sólo acompañarles, estar atenta por si alguna situación "especial" se presenta con y entre las chicas.   Por ello, no he tenido tiempo de sentarme a escribir, pero sí quería compartirles cuanto he disfrutado estar acompañándoles.  Son 50 mujeres y alrededor de 50 y tantos varones.  Es increíble lo que te enseñan diariamente, como te contagian de su alegría, de su energía, de su radicalidad, de su anhelo por amar a Dios desde su juventud, de su deseo por ser cada día mejores aun enmedio de sus limitaciones.  Viven con intensidad cada momento.  Dios me ha regalado la gracia de estar ahí, de verlos de cerca, de gozarme con la personalidad única de cada uno.  Pero sobretodo, este año, me ha permitido disfrutar servirles.  Disfrutar sin miedo a equivocarme, disfrutar con la libertad de ser plenamente yo; disfrutar permitiéndoles equivocarse y estar cerca por si alguna quiere apoyarse y levantarse.  Disfrutar por el sólo hecho de que hoy estoy viva y soy amada por Dios; y puedo estar con ellos toda la tarde por la libertad que Dios me ha regalado al lado de mi esposo.  ¡Gloria a Dios!

viernes, 17 de mayo de 2013

Feliz Día para ti que Nutres, Cultivas, Guías, Educas, Acompañas a otros*


Pues ya pasó el “día complicado” como lo llama mi esposo.  Y agradezco infinitamente la gracia que me sostiene de lo alto.  Años anteriores era imposible “salir del cuarto” (exagerando un poco).  Este año fue complicado, pero pudimos enfrentarlo.  Cuán importante es valorar, apreciar, y reconocer lo que Sí se tiene y no estar mendigando y llorando por aquello que no llegó.  Ver que nuestra vida tiene un  sentido para vivirse, que hemos sembrado y que Dios hoy nos da la gracia de cultivar.  12 años después, me gozo con mi ser familia-de-dos, rodeada de muchos hijos espirituales, que cercanos o lejanos, saben que ocupan un lugar en nuestro corazón.  Gracias por tenernos presentes en sus corazones, gracias por estos mensajitos que llenaron de color el día:

Tú has sido la madre espiritual de muchas!!  incluyéndome! y este día también te celebramos a ti  Gracias por todo tu amor y cariño, por cada oración, por cada servicio y por tu presencia en mi vida!... te quiero mucho y le doy gracias a Dios muy especialmente este día por tu vida!

Gracias Clau por tus sabios consejos, por tus detalles, por tus muestras de cariño, por tu compañía en los momentos difíciles, por tus abrazos te quiero mucho

Hoy es el día de las madres mexicano (en CR es hasta el 15 de agosto) pero igual no quería dejar de pasar la fecha para decirte gracias y felicidades.... Veo cómo te has entregado al Señor y has "adoptado" muchos hijos espirituales....Definitivamente el amor de madre es aquel que se da de corazón y sin esperar nada a cambio.  Digo, y aunque solo me lleves como 15 años... has sido como una "mamá" para mí en este tiempo... solo con saber que estás ahí y cualquier cosa que necesite ahí ibas a estar ha sido muy especial para mí....Cuentas con mis oraciones, te quiero!

Has dejado una huella en mi vida...he aprendido de ti la entrega y la hospitalidad. Cada persona que viene a tu casa puede experimentar el cariño que nos muestras a todos y aprender de tu fe y sabiduría. De verdad, eres una mujer muy bendecida y también bendices a muchos...Gracias a ti y a Sergio...estoy aprendiendo de que mi felicidad no viene de estar en cierto estado de vida: viene después de soltar mis planes y abrazar al Señor...

Gracias por tu entrega con cada uno de nosotros, sos una madre espiritual súper importante para mí, te amo.

Gracias por haberme dado otro hogar con mucho calor maternal. Te amo!

Clau!! Felicidades tú también eres mamá!! Y de las mejores!! Te quiero mucho, eres un regalo de Dios para mí!! Dios te bendiga!!!


Cada uno de ustedes nos acompañan en nuestro caminar...los que escribieron, los que no escribieron, los que compartieron una etapa con nosotros y después partieron; los que siguen presentes, los ausentes...los expresivos a morir, los callados e introvertidos; los que rien a carcajadas, los que suvamente sonrien...para cada uno, ¡gracias y bendiciones divinas!

*Tomé el título de este blog:  "It Got Me Thinking…About Nurturers"

Abrir las manos y soltar

(Hace unos meses escribí esto, hoy me atrevo a compartirlo)
Cuando una pareja ha llegado a la decisión de aceptar su infertilidad, en la libertad que Dios les ha otorgado, es momento de acompañarles, no de orillarles a la esquina de la incomprensión, donde se les señalé como “egoístas”.  No es fácil tomar la decisión de bajarse de este tren.
Hoy escribo para honrar la valentía de quienes tomen la Decisión y decidan vivir en plenitud el ser una familia-de-dos.  Dejar ir nuestro sueño de los hijos, de esos pequeños que fueron parte de nuestra imaginación, de ese cuento que escribimos en las nubes; “soltar la imagen de la familia perfecta, donde los hijos se sentarían alrededor de la mesa, y nos enorgulleceríamos al verlos crecer; y la mujer cual vid fecunda..." Soltar el sueño tan real para nosotros, abrir las manos para dejar que vuelen y recibir con profunda aceptación el sueño real: nuestra vida de dos. Es un paso de fe, fortalecido con los lazos de la alianza que une a la pareja.  Un paso que surcará diferentes etapas (lo comparto en Permíteme vivir mi duelo), que les permitirá reinventarse, abrazar nuevamente la vida con pasión, que les hará reir y llorar intensamente.  Cuando inicia el descenso de ese tren no es fácil, la tristeza nos agobia, la pregunta de "¿habré hecho todo lo posible?"-nos martillea constantemente. Te comparto este breve texto que expresa muy bien ese comienzo que duele (tomado de La princesa que creía en los cuentos de hadas):

-Puede que sea un comienzo pero me da la impresión de que es mi fin-dijo la princesa mirándolo con tristeza-. Es muy difícil creer que exista algo más que se pueda desear.
-Sí que lo hay, princesa-contestó Doc-. Aunque te resulte difícil creerlo ahora, puedes tener ilusión por muchas cosas...pues, cuanto más sufres, más oportunidades tienes.
-¿Oportunidades? ¿para qué?
-En tu caso, para tener una vida maravillosa...


Sí, puede que ese comienzo duela tanto que no queramos tomar una nueva ruta; que preferimos quedarnos en la comodidad del dolor, en la desilusión constante (en nuestra zona de confort tan bien conocida). Pero aunque resulte doloroso, la oportunidad por volver a ilusionarnos, por despertarnos con el deseo apremiante de disfrutar la vida, sin modificarla, sin maquillarla, sin estar en una continua espera, poniendo todo en pausa, bien vale la pena.  El sufrimiento es un gran maestro, algo nos ha estado diciendo, algo nos ha ido mostrando. Suena absurdo, pero somos privilegiados: cuando el dolor nos visita algo maravilloso surgirá (aún me cuesta escribir esto, pero lo creo firmemente y lo he vivido). Y finalmente, cuando uno toma el nuevo camino, la introspección por sí sola se presenta.  (Esa compañera que nos ayudará a aprender y crecer un poco más).  Es momento de indagar cada uno en su corazón y después como pareja para ir vislumbrando esa nueva vida: ¿Qué he aprendido yo en este trayecto? ¿Qué hemos aprendido como pareja? ¿Cómo iniciar juntos esta nueva ruta? ¿Redireccionar el rumbo? ¿Necesitamos apoyo externo? ¿O sólo uno de los dos lo necesita?  Pero eso sí, sin presionar, sin apresurar. Tal vez él lo aceptó hace ya tiempo, tal vez ella aún no quiere hacerlo.  Cada pareja es única, cada uno sabrá en que momento dar el paso. Lo importante es acompañarse, estar ahí para el otro, para escuchar sin juzgar, para abrazar con el corazón. Para darse la oportunidad de abrir las manos y soltar. Y sólo entonces, estar listos para abrazar la nueva vida maravillosa que Dios tiene preparada para ustedes.




lunes, 22 de abril de 2013

Semana de la Concientización de la Infertilidad


No sabía que teníamos una semana dedicada a las parejas infértiles. Me sorprendió y me alegró.  Precisamente ayer cumplíamos 12 años de casados y reflexionaba lo siguiente:

“Nuestra historia ha sido planeada en el corazón de Dios y ejecutada con tierno amor en nuestras vidas.  Sí, no es como yo la soñé, sin embargo, ha superado mis expectativas.  Esta historia ha sido muchísimo mejor planeada, organizada, editada y corregida; y por supuesto bendecida.  Sí, cuando nos dijimos aquel SÍ ante el altar, confiando plenamente en Su Gracia y Su Presencia, jamás nos pasó por nuestras cabezas las locuras que El tenía preparadas para nosotros.  ¡Jamás!”

Ser una pareja infértil, jamás me cruzó eso por la cabeza, jamás.  Por favor, todas las parejas se casan y tienen hijos, ¿no? O al menos eso creía que sucedería en mi historia perfecta del cuento de hadas. Pues resulta que no siempre es así.  Lamentablemente la vida no es un cuento de hadas, y soy la primera en lamentarlo.  Desde pequeña soñé que eso sería mi vida, llegaría el príncipe (bueno, él sí llegó) y seríamos felices por el resto de nuestras vidas, plenamente felices, sin gotas de tristeza, sin manchas de desánimo, sino con la perenne sonrisa que no desaparece de los labios.  El romanticismo diario.  Pues no, bienvenida a la Vida Normal y llena de Rutina.  La vida está llena de colores hermosos, resplandecientes; sin embargo, entre ellos, el gris y el negro están presentes.  La vida es esta realidad. La vida es lo que hoy tengo ante mí.  Una vida diferente a mi sueño de princesa.  Una vida a vivirse en plenitud cediendo a los sueños irreales y románticos de mi infancia.  Tenía dos opciones, como muchas cosas en la vida: la primera, tomar con fuerza mi frustrada maternidad biológica, y vivir en un rincón, lamentándome diariamente, lamiéndome la herida hasta que todo acabase.  O bien, tomar la vida tal cual se presentaba.  Buscando el lado bueno y bendecido de este asunto.  Así que decidí, decidimos mi esposo y yo, tomar la segunda postura.  Ver nuestra infertilidad como una aventura bendecida por Dios.  Como un tesoro nuevo que hay que descubrir y abrazar.  Un tesoro que jamás imaginamos nos iba a tocar a nosotros. Un tesoro que hoy nos regala sus riquezas.  Sí hoy valoramos y disfrutamos este tesoro.   Aún lo estamos descubriendo, aún nos sorprende su resplandor, aún nos asusta su potencial.  Un nuevo camino y un llamado diferente.  Pues sonará un poco trillado, pero así no tocó vivir.  Y así hemos aprendido a disfrutar y ser felices.  Y esta aventura aún no deja de sorprendernos.

¡Dios nos bendice a todos, a Su Manera!

martes, 26 de marzo de 2013

Iniciaba la travesía (hace algunos años)


 ¿Cuánto duraría esta travesía? Sólo el tiempo lo delimitaría, en una pocas palabras, acomódate en el asiento y deja que el viaje transcurra. Así empezaba una parte de nuestra historia:
-La negación: “No, esto no puede estarnos pasando a nosotros”, “es imposible”, “ya pasará, y seremos una familia normal”; “pero, ¿le entregué mi vida a Dios? Le he servido desde joven, digo, realmente espero una recompensa, ser bendecida”; “no, es una broma de la vida, mañana ya pasará; esto es sólo un sueño”.
-El enojo, el resentimiento, la envidia: “¿Por qué a nosotros? ¿Será un castigo divino? ¿Una maldición heredada? ¿O Dios no nos considera viables para la paternidad? ¿No somos idóneos? ¿Por qué ellos sí? ¿Por qué a ellos sí les estás cumpliendo su sueño tal cual: hasta planearon la llegada de cada hijo y les funcionó!!! ¿Qué hicieron diferente a  nosotros? Ah! Tal vez nosotros nos portamos mal en algo y no nos ganamos tu bendición”. En este periodo llegaron todos los porqués, los reclamos a Dios, a la vida, a todos. Aprendí a expresarlos, a ponerles nombre y dejar que salieran. Aprendí a amarme en la irracionalidad del porqué. 
-El regateo: “Bueno, y como ves Dios, ya llevamos una alimentación adecuada, estamos ejercitándonos, y tomamos suplementos alimenticios, entonces ahora sí?” “No crees que ya merecemos ser padres. Nos hemos ganado el derecho”.  “A ver veamos, calcular los días fértiles, revisar las fechas exactas, los probables cambios, hacer esto y aquello, entonces listo, ya estamos preparados”.  Hoy recuerdo esos momentos de estrés, calcula, revisa, concluye, haz, no hagas, entonces y sólo entonces nuestros cuerpos responderán.  Ah! Y no te estreses por favor! (Absurdo, ¿no lo crees?). 
-Y luego la depresión, la tristeza y la culpa lo pintan todo “no soy capaz de darle un hijo a mi esposo, él tan bueno, se merece lo mejor, y mírenme a mí, una esposa estéril; donde está la promesa del hombre justo alrededor de su mesa, con sus hijos y su esposa (fértil, por supuesto); entonces, sí soy culpable”. “Entonces no tengo valor si no soy mamá”.  Y claro, los comentarios que te van acompañando: “ya pasará; animo, ya verán…”  Comentarios bien intencionados que “quisieran ayudar” pero no hacen más que hundirte en la culpa y el desánimo.
Una vorágine de emociones yendo y viniendo.  Enojo, negación, depresión, regateo; luego regateo, depresión, negación, enojo.  Aprendí a no tenerles miedo.  Las hice mis amigas, las abracé, escuché lo que cada una tenía que enseñarme, y luego, tiempo después, las dejaba partir.  Me alejé un poco de quien me apresuraba a salir de eso. Aprendí a ser paciente conmigo misma. 
Al tiempo le permití transcurrir.  El tiempo en esto no lo delimita la madurez, la fe, los valores, no, aquí no hay tiempo definido; aquí sólo importa que el corazón vaya sanando y la esperanza vuelva a resurgir. Aquí solo cuenta tener ese apoyo que te ame incondicionalmente, sin presiones, sin expectativas, sin prisas.  Que te permita vivir la travesía.  Ese amor incondicional que abraza sin exigencias, que cobija y te permite crecer, y que favorece, ayudando a poner los cimientos que te permitirán llegar a la siguiente etapa, la aceptación.  

Continuará esta travesía...

jueves, 14 de marzo de 2013

Viviendo el duelo a su lado


(Continúa la historia que estaba en el tintero)

Aun no sé a ciencia cierta en que momento empezó, ni como inició.  Sólo sé que de pronto yo ya estaba ahí, instalada en el nuevo tren donde viviría el duelo por los hijos que nunca llegaron; sabía que no habría flores, condolencias, compañía, abrazos, sólo un lugar vacío, una tierra infértil, seca, sólo eso: mi útero. Viviría el duelo de mi no-maternidad, de nuestra no-paternidad biológica.  Me daría el permiso de agradecerle a mi cuerpo su paciencia ante tanta exigencia, su ternura, su infertilidad.  Abrazar mi útero vacío, llorar cada mes por el milagro que no sucedió.  Sí, debía vivir este duelo, para algún día, en el lejano futuro, poder tomar un nuevo tren.   Así que tomé mi lugar, y con la mirada perdida en el horizonte desértico mi mente empezó a recordar y de pronto una tenue sonrisa se dibujó en mis labios; mi mente recordó, recordó la silueta de aquel que nunca me abandonó ni me exigió, que recogió el corazón roto de cada mes y con su personal delicadeza, lo formaba y lo volvía a poner en mí; a aquel que amó incondicionalmente a su esposa rota y estéril; a aquel que me bendijo aunque mi vientre se hubiese cerrado a la vida.  Al hombre que tomó enserio aquella alianza “te amaré en la salud y en la enfermedad: te amaré en la infertilidad”: mi amado esposo que no me abandonó en mi esterilidad, sino que se hizo uno conmigo, recordándome, cuando el grito de culpa no me dejaba escuchar: somos una pareja sin-hijos, los dos estamos en el mismo tren; y con esto en mente, voltee a mi lado, ahí estaba él, con esa misma mirada con la que años atrás me había conquistado; ahí estaba como había estado siempre, amándome tal cual era.  Nos tomamos de la mano, estábamos solos, pero nos teníamos el uno al otro. Y así, sin decirnos una palabra, pero diciéndonos todo, el viaje comenzó.

jueves, 28 de febrero de 2013

Permíteme vivir mi duelo


Hace algunos años sucedió esto… (la historia que había quedado en el tintero)
¿Me di por vencida? Algunos lo verán así, pero para mí, era necesario llegar a la estación y bajarme del tren.  Ya estaba cansada y desgastada emocionalmente: tal vez el próximo mes, tal vez mañana, siempre un tal vez…Era el momento y ambos lo decidimos: bajarnos del tren.   Al llegar a la estación me di cuenta que otra travesía debía empezar.  Subirnos a un nuevo tren.  Oculto entre la bruma no lo veía con claridad, pero ahí estaba, esperándonos.  Por un tiempo debíamos subirnos, y dejarnos conducir por las diferentes estaciones del duelo.  Sí, no sería un duelo común, pero sí normal, como todos.  Y aquí empezaba otra aventura.  Nuevamente estábamos solos, pocos comprenden que una pareja que ha aceptado su condición de infertilidad no-explicada, tengan que vivir este proceso. No hay compañía, no hay el pésame, no hay flores; hay pocas o nulas oraciones al respecto.  Es tan subjetivo, pero para quien lo vive es real.  Hay dolor, un dolor real que toca las fibras más íntimas.   Era el momento de enterrar nuestro sueño del hombre con su mujer fecunda y los hijos que se sientan alrededor de la mesa.  Era momento de despedirnos de nuestros hijos biológicos. Sí, despedirlos, soltarlos, dejarlos ir.  Habían existido para nosotros, habían vivido con nosotros por un buen tiempo, habían tenido sus nombres: María Lorena, María José, María Teresa, Josué.  Pero ahora, los abrazaba con fuerza y les daba las gracias por ser una hermosa ilusión, por haber sembrado una pequeña esperanza cada mes; pero ya era el momento de soltarlos.  Y empezar a vivir nuestro duelo.
Hoy escribo esto para acompañar a aquellos que hoy  se subirán a este nuevo tren.  Quiero estar ahí para Vivir con ellos su Duelo.  Sean valientes, enójense con Dios, con la vida, con ustedes mismos; lloren su soledad, lloren por los hijos que no llegaron; por las ilusiones que desaparecieron; vivan la culpa de la depresión sana; en fin, vivan su proceso de duelo y dejen que Dios tome cada lágrima, cada palabra, cada reclamo, pues sólo así llegarán a la última estación, la estación de la aceptación, donde la paz inunda y la alegría invade; y donde la esperanza vuelve a surgir. 

jueves, 21 de febrero de 2013

Una gran familia misionera


Así empezó esta loca historia familiar.  Uno nunca sabe los planes maravillosos que Dios tiene tras cada llamado.  De pronto, ahí estábamos nosotros dos, rodeados de chicos y chicas, con sueños y anhelos locos, como los nuestros; con deseos de conquistar el mundo y arrebatar la gracia para Dios.  Abrimos nuestra pequeña casita y nuestro amplio corazón, el hotel donde podíamos hospedarlos a todos, para recibirles, para abrazarles y para en su momento, dejarlos partir. 
Jamás imaginamos que era sólo el inicio; ellos son y serán nuestra familia, abrieron brecha, nos enseñaron a estar receptivos, a salir de nosotros mismos, a salir al encuentro de otros jóvenes que llegarían, tal vez un día, tal vez un tiempo.  ¿Será este nuestro llamado especial como familia-de-dos?
Esto hace divertido nuestro día a día. Han llegado más.  Cada uno de ellos nos ha permitido ser parte de su vida. No somos nosotros, son ellos quienes nos han permitido acogerlos y escucharlos.  Algunos llegaron unos días, nos abrazaron y partieron a continuar su travesía; otros, llegaron, nos abrazaron y se quedaron para siempre.   Son ellos los que delimitan hasta donde y hasta cuándo; son ellos que nos abren y/o cierran; son ellos los que llenan nuestra vida con alegrías muy peculiares, y momentos interesantes. Y somos nosotros quienes estamos dispuestos a estar cerca. 
Para muchos, esto es difícil de entender y difícil de vivir, pero para nosotros esto es una de las cosas maravillosas de nuestro vivir: “un día a la vez; y vivirlo a plenitud”.  Hoy están cerca, los disfrutamos, nos gozamos con ellos; mañana estarán lejos y la vida continuará.  Están presentes en nuestro álbum familiar y grabados para siempre en nuestro corazón. Por cada uno (y sé que cada uno sabe bien a quienes me refiero), ¡ha valido la pena! 

miércoles, 20 de febrero de 2013

Nuestros amados Hijos Espirituales


Nos hemos vuelto a encontrar con ellos, recuerdan que les comenté de aquellos hijos espirituales, de su presencia en nuestras vidas (Crisis de Identidad Parte 2); creo que no conté bien nuestra historia, bueno, pues aquí empiezo:

Hace algunos años, en el 2007, Dios nos invitó a realizar un viaje que marcó nuestras vidas y nuestros planes (después de ese viaje jamás hemos vuelto a ser los mismos). Dios nos invitó a irnos de misioneros. Viajamos a Ecuador, llegando un julio del 2007, con maletas llenas de ropa (jeje), pero también de ilusiones, de sueños, de fantasías por realizar; llegamos a un país totalmente desconocido para nosotros. Y allá empezó esta historia, un poco absurda, un poco loca, un poco única, un poco de todo...
Primero conocimos a unos misioneros universitarios, un doctor y un ingeniero, que habían terminado su carrera y estaban ofreciendo un año de servicio misionero; después llegaron ellas, un tropel de chicas bellas, hermosas, que acababan de terminar su preparatoria y antes de ingresar a la Universidad (a la U, como suelen decir en Ecuador), ofrecieron un tiempo también de servicio misionero. Ah! Y días después también llegó una ingeniera (bella y hermosa también). Y sin pensarlo, la historia empezaba a cobrar forma.  Colombia, Costa Rica, México y Ecuador (aunque no de la ciudad donde vivíamos).  Todos lejos de nuestros hogares y nuestras familias, factor que nos unía, nos hacía comprendernos en el dolor de la soledad, en la incomprensión de una nueva cultura, en la necesidad afectiva de la familia.  ¡Cuántos recuerdos de aquellos momentos alrededor de nuestra pequeña mesa! No teníamos mucho en aquellos tiempos (hablando económicamente), pero los teníamos a ellos, éramos una familia misionera.  Las conversaciones alrededor de esa mesa iban desde nuestros planes a futuro, con mucha incertidumbre, pero fe cierta en Aquel que nos enviaba;  hasta la alegría de sabernos en ese presente amados plenamente por El.  Compartimos lágrimas, risas,  momentos complicados, bailes, locuras, paseos en bus, en fin. 
Ellos y ellas se fueron primero.  Llegó el momento de regresar a sus casas, de reintegrarse al mundo laboral o a la Universidad.  El momento de separarnos había llegado.  Abrir los brazos y soltar aquello que tanto habíamos disfrutado (creo que fue la continuación de la enseñanza de Dios: vive en plenitud cada día, abraza fuertemente y suelta en el momento oportuno para seguir viviendo; ya lo había vivido con mis propios hijos).  Ahora me tocaba de nuevo, ellos regresarían con sus verdaderas familias, sí, tenía que recordar que no eran míos, que Dios me había regalado la dicha de estar cerca, de compartir algunas aventuras, de compartir cariño, pero eso era todo. 
Después, nos tocó a nosotros regresar a México, el sueño había concluido y teníamos que enfrentarnos a la realidad (no fue fácil, cuando aterrizamos en nuestro hogar, todo había cambiado, nosotros habíamos cambiado y no era fácil meternos al río de la vida laboral; fue un tiempo difícil).  En todo este tiempo aquella familia misionera se comunicaba poco, todos estábamos enfrascados en volver a la realidad, escuelas, trabajos, familias. 
En los siguientes años, llegaron dos personitas más a nuestras vidas. (Esas sorpresas que Dios nuevamente da).  Una de ellas, desde Ecuador, vino a hacer su tiempo de misionera a nuestra ciudad; y otra de ellas vino de intercambio escolar.  Ambas llegaron en el momento adecuado.
Nos hicieron recordar, anhelar, reír, volver a abrazar, volver abrir nuestro corazón a nuevos miembros de la familia misionera Y llego el momento de su regreso.  Nuevamente el dolor de la separación.  Y sin embargo, una alegría interior de sabernos amados, de saber que estas personitas en Colombia, Ecuador y Costa Rica nos aman, somos partes de sus vidas, y son parte de la nuestra.  Por cada uno de ellos ha valido la pena ser esta loca familia misionera.
Sí, no nos vemos tan seguido, es algo caro viajar; pero ahora con la tecnología y el famoso whatasap y Skype, nos hemos reencontrado.  ¡Cuánto nos hemos alegrado al leer cada uno de sus miles de mensajes! Veo a mi esposo reír, disfrutarles a pesar de la distancia. Y conscientes estamos que la vida sigue, que ellos estarán lejos, que no son nuestros; sabemos que alguna vez nos encontraremos y que ese día lo disfrutaremos al máximo, sin importar si será un día, varios, o unas cuantas horas, pero no importa; los acompañaremos en sus días difíciles desde acá, en sus graduaciones, en sus cumpleaños, brindaremos con ellos en la distancia, y cada uno seguirá viviendo donde le toqué vivir.  ¡Esa es la bendición más grande de esta familia misionera: los lazos espirituales abrazan hasta la eternidad!

Gracias, gracias por permitir a esta pareja de locos, mi esposo y yo, seguir siendo parte de sus vidas. Porque ustedes son y serán siempre personitas amadas que ocupan un lugar especial en nuestra familia-de-dos

"Vive de tal forma que al mirar hacia atrás no lamentes haber desperdiciado la existencia" (Elizabeth Kübler-Ross)