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Familia-de-dos, cuando los hijos no llegan

“…los esposos a los que Dios no ha concedido tener hijos pueden llevar una vida conyugal plena de sentido, humana y cristianamente. Su matrimonio puede irradiar una fecundidad de caridad, de acogida y de sacrificio.” (Catecismo de la Iglesia Católica, 1654). En palabras personales, "pueden vivir en plenitud-aunque la historia sea diferente a lo normal."

jueves, 14 de marzo de 2013

Viviendo el duelo a su lado


(Continúa la historia que estaba en el tintero)

Aun no sé a ciencia cierta en que momento empezó, ni como inició.  Sólo sé que de pronto yo ya estaba ahí, instalada en el nuevo tren donde viviría el duelo por los hijos que nunca llegaron; sabía que no habría flores, condolencias, compañía, abrazos, sólo un lugar vacío, una tierra infértil, seca, sólo eso: mi útero. Viviría el duelo de mi no-maternidad, de nuestra no-paternidad biológica.  Me daría el permiso de agradecerle a mi cuerpo su paciencia ante tanta exigencia, su ternura, su infertilidad.  Abrazar mi útero vacío, llorar cada mes por el milagro que no sucedió.  Sí, debía vivir este duelo, para algún día, en el lejano futuro, poder tomar un nuevo tren.   Así que tomé mi lugar, y con la mirada perdida en el horizonte desértico mi mente empezó a recordar y de pronto una tenue sonrisa se dibujó en mis labios; mi mente recordó, recordó la silueta de aquel que nunca me abandonó ni me exigió, que recogió el corazón roto de cada mes y con su personal delicadeza, lo formaba y lo volvía a poner en mí; a aquel que amó incondicionalmente a su esposa rota y estéril; a aquel que me bendijo aunque mi vientre se hubiese cerrado a la vida.  Al hombre que tomó enserio aquella alianza “te amaré en la salud y en la enfermedad: te amaré en la infertilidad”: mi amado esposo que no me abandonó en mi esterilidad, sino que se hizo uno conmigo, recordándome, cuando el grito de culpa no me dejaba escuchar: somos una pareja sin-hijos, los dos estamos en el mismo tren; y con esto en mente, voltee a mi lado, ahí estaba él, con esa misma mirada con la que años atrás me había conquistado; ahí estaba como había estado siempre, amándome tal cual era.  Nos tomamos de la mano, estábamos solos, pero nos teníamos el uno al otro. Y así, sin decirnos una palabra, pero diciéndonos todo, el viaje comenzó.

2 comentarios:

  1. Hola Lorena:
    Gracias por este blog y tener la valentía de compartirlo. Leeré todas las entradas con atención.
    Un saludo.

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  2. Gracias por pasar por aquí y tomarte el tiempo para leer! Espero sigamos en contacto. Dios te bendice!

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