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Familia-de-dos, cuando los hijos no llegan

“…los esposos a los que Dios no ha concedido tener hijos pueden llevar una vida conyugal plena de sentido, humana y cristianamente. Su matrimonio puede irradiar una fecundidad de caridad, de acogida y de sacrificio.” (Catecismo de la Iglesia Católica, 1654). En palabras personales, "pueden vivir en plenitud-aunque la historia sea diferente a lo normal."

lunes, 22 de abril de 2013

Semana de la Concientización de la Infertilidad


No sabía que teníamos una semana dedicada a las parejas infértiles. Me sorprendió y me alegró.  Precisamente ayer cumplíamos 12 años de casados y reflexionaba lo siguiente:

“Nuestra historia ha sido planeada en el corazón de Dios y ejecutada con tierno amor en nuestras vidas.  Sí, no es como yo la soñé, sin embargo, ha superado mis expectativas.  Esta historia ha sido muchísimo mejor planeada, organizada, editada y corregida; y por supuesto bendecida.  Sí, cuando nos dijimos aquel SÍ ante el altar, confiando plenamente en Su Gracia y Su Presencia, jamás nos pasó por nuestras cabezas las locuras que El tenía preparadas para nosotros.  ¡Jamás!”

Ser una pareja infértil, jamás me cruzó eso por la cabeza, jamás.  Por favor, todas las parejas se casan y tienen hijos, ¿no? O al menos eso creía que sucedería en mi historia perfecta del cuento de hadas. Pues resulta que no siempre es así.  Lamentablemente la vida no es un cuento de hadas, y soy la primera en lamentarlo.  Desde pequeña soñé que eso sería mi vida, llegaría el príncipe (bueno, él sí llegó) y seríamos felices por el resto de nuestras vidas, plenamente felices, sin gotas de tristeza, sin manchas de desánimo, sino con la perenne sonrisa que no desaparece de los labios.  El romanticismo diario.  Pues no, bienvenida a la Vida Normal y llena de Rutina.  La vida está llena de colores hermosos, resplandecientes; sin embargo, entre ellos, el gris y el negro están presentes.  La vida es esta realidad. La vida es lo que hoy tengo ante mí.  Una vida diferente a mi sueño de princesa.  Una vida a vivirse en plenitud cediendo a los sueños irreales y románticos de mi infancia.  Tenía dos opciones, como muchas cosas en la vida: la primera, tomar con fuerza mi frustrada maternidad biológica, y vivir en un rincón, lamentándome diariamente, lamiéndome la herida hasta que todo acabase.  O bien, tomar la vida tal cual se presentaba.  Buscando el lado bueno y bendecido de este asunto.  Así que decidí, decidimos mi esposo y yo, tomar la segunda postura.  Ver nuestra infertilidad como una aventura bendecida por Dios.  Como un tesoro nuevo que hay que descubrir y abrazar.  Un tesoro que jamás imaginamos nos iba a tocar a nosotros. Un tesoro que hoy nos regala sus riquezas.  Sí hoy valoramos y disfrutamos este tesoro.   Aún lo estamos descubriendo, aún nos sorprende su resplandor, aún nos asusta su potencial.  Un nuevo camino y un llamado diferente.  Pues sonará un poco trillado, pero así no tocó vivir.  Y así hemos aprendido a disfrutar y ser felices.  Y esta aventura aún no deja de sorprendernos.

¡Dios nos bendice a todos, a Su Manera!

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