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Familia-de-dos, cuando los hijos no llegan

“…los esposos a los que Dios no ha concedido tener hijos pueden llevar una vida conyugal plena de sentido, humana y cristianamente. Su matrimonio puede irradiar una fecundidad de caridad, de acogida y de sacrificio.” (Catecismo de la Iglesia Católica, 1654). En palabras personales, "pueden vivir en plenitud-aunque la historia sea diferente a lo normal."

viernes, 17 de mayo de 2013

Abrir las manos y soltar

(Hace unos meses escribí esto, hoy me atrevo a compartirlo)
Cuando una pareja ha llegado a la decisión de aceptar su infertilidad, en la libertad que Dios les ha otorgado, es momento de acompañarles, no de orillarles a la esquina de la incomprensión, donde se les señalé como “egoístas”.  No es fácil tomar la decisión de bajarse de este tren.
Hoy escribo para honrar la valentía de quienes tomen la Decisión y decidan vivir en plenitud el ser una familia-de-dos.  Dejar ir nuestro sueño de los hijos, de esos pequeños que fueron parte de nuestra imaginación, de ese cuento que escribimos en las nubes; “soltar la imagen de la familia perfecta, donde los hijos se sentarían alrededor de la mesa, y nos enorgulleceríamos al verlos crecer; y la mujer cual vid fecunda..." Soltar el sueño tan real para nosotros, abrir las manos para dejar que vuelen y recibir con profunda aceptación el sueño real: nuestra vida de dos. Es un paso de fe, fortalecido con los lazos de la alianza que une a la pareja.  Un paso que surcará diferentes etapas (lo comparto en Permíteme vivir mi duelo), que les permitirá reinventarse, abrazar nuevamente la vida con pasión, que les hará reir y llorar intensamente.  Cuando inicia el descenso de ese tren no es fácil, la tristeza nos agobia, la pregunta de "¿habré hecho todo lo posible?"-nos martillea constantemente. Te comparto este breve texto que expresa muy bien ese comienzo que duele (tomado de La princesa que creía en los cuentos de hadas):

-Puede que sea un comienzo pero me da la impresión de que es mi fin-dijo la princesa mirándolo con tristeza-. Es muy difícil creer que exista algo más que se pueda desear.
-Sí que lo hay, princesa-contestó Doc-. Aunque te resulte difícil creerlo ahora, puedes tener ilusión por muchas cosas...pues, cuanto más sufres, más oportunidades tienes.
-¿Oportunidades? ¿para qué?
-En tu caso, para tener una vida maravillosa...


Sí, puede que ese comienzo duela tanto que no queramos tomar una nueva ruta; que preferimos quedarnos en la comodidad del dolor, en la desilusión constante (en nuestra zona de confort tan bien conocida). Pero aunque resulte doloroso, la oportunidad por volver a ilusionarnos, por despertarnos con el deseo apremiante de disfrutar la vida, sin modificarla, sin maquillarla, sin estar en una continua espera, poniendo todo en pausa, bien vale la pena.  El sufrimiento es un gran maestro, algo nos ha estado diciendo, algo nos ha ido mostrando. Suena absurdo, pero somos privilegiados: cuando el dolor nos visita algo maravilloso surgirá (aún me cuesta escribir esto, pero lo creo firmemente y lo he vivido). Y finalmente, cuando uno toma el nuevo camino, la introspección por sí sola se presenta.  (Esa compañera que nos ayudará a aprender y crecer un poco más).  Es momento de indagar cada uno en su corazón y después como pareja para ir vislumbrando esa nueva vida: ¿Qué he aprendido yo en este trayecto? ¿Qué hemos aprendido como pareja? ¿Cómo iniciar juntos esta nueva ruta? ¿Redireccionar el rumbo? ¿Necesitamos apoyo externo? ¿O sólo uno de los dos lo necesita?  Pero eso sí, sin presionar, sin apresurar. Tal vez él lo aceptó hace ya tiempo, tal vez ella aún no quiere hacerlo.  Cada pareja es única, cada uno sabrá en que momento dar el paso. Lo importante es acompañarse, estar ahí para el otro, para escuchar sin juzgar, para abrazar con el corazón. Para darse la oportunidad de abrir las manos y soltar. Y sólo entonces, estar listos para abrazar la nueva vida maravillosa que Dios tiene preparada para ustedes.




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